martes, 2 de febrero de 2016

Capítulo 2.23: La jugada.

Daniela está sentada en el sofá viendo una película. No puede dormir. Uri está en la habitación y Leila también. 
No puede parar de pensar en el día de hoy. Se lo ha pasado estupendamente con Uri, Anna, Dani y los niños. Se ha sentido tan a gusto con ellos, tan bien... Sonríe sólo de pensarlo. Le encantaría repetirlo. Tiene el número de Anna. Podría enviarle un mensaje, proponerle quedar para tomar un café o algo. ¿Querrá? Recuerda vagamente que eran muy amigas. Muchas veces le han contado que ambas vivían en el mismo apartamento, trabajaban en el mismo local, salían de fiesta, eran inseparables. ¿Y ahora qué? Le gustaría recuperar su vida, la de antes, la de antes de el accidente y perder la memoria. Coge el móvil, busca en contactos a Anna y se dispone a escribir un mensaje para decirle de quedar. Pero si son las doce de la noche... Bloquea el móvil y lo tira al otro lado del sofá. Ya mañana. 


¡No puedo creer que lo hayamos vuelto a hacer! ¡Madre mía, pero qué fuerte! Es decir... ¡es que no me lo creo! No hay manera de que se me borre esa sonrisa de plena satisfacción del rostro, hasta que pasados unos instantes en las nubes, empiezan a surgir las dudas. ¿Y... y ahora qué? Cojo la sábana y me cubro con ella. Dani me mira arqueando una ceja. 
    -¿Por qué te tapas? 
Me pongo roja. 
    -Pues... 
    -Pero mujer, si te la acabo de meter... 
    -¡Dani! -Le doy un golpe en el brazo. 
Él se ríe. 
    -¡Qué! Si es verdad. -Se sigue riendo-. Además, ahora estás mucho más buena. ¿Haces más ejercicio? 
Poco a poco me va quitando la sábana de encima. 
    -Dani... -Le aparto con un manotazo y me vuevo a cubrir más. Me tapo hasta el cuello.
    -¿Qué pasa Anna? -Pregunta en tono exasperado. 
Me pongo boca arriba y miro al techo. 
    -Anna... 
Respiro hondo y le miro. 
    -¿Qué Dani? 
    -¿Qué te pasa...? 
    -¿Cómo que qué me pasa? ¿Qué me va a pasar? Pues que no entiendo qué es a lo que estamos jugando... Esto no está bien... 
    -¿Cómo que no está bien? Está de puta madre, la otra vez gritabas como una...
    -¡Dani! 
Joder, ¿pero de qué coño va? 
    -Y ahora te he tenido que besar para acallar tus gemidos... 
    -Vale que sí, que hemos echado dos polvos de puta madre, pero esto, no está bien. O sea, es que quiero saber de qué pie cojeas. Se supone que estás con Johanne. -Me incorporo y me levanto de la cama enredada con la sábana-. Así que Dani, dime a qué estás jugando... 
Él se levanta de la cama, coge el pantalón de pijama y se lo pone, se acerca a mí. 
¿Qué pretende? 
    -Esto no está bien, dices... 
Sus ojos se clavan en los míos. Me arde la cara, lo juro. 
Niego con la cabeza. 
    -¿No, qué? 
    -¿Por qué tengo la sensación de que me estás echando la bronca? 
    -¿Yo? -Levanta las manos como si de un delincuente acorralado se tratara-. Para nada. Eres tú la que ahora empiezas con tus preguntas. 
    -Pues respóndelas. 
    -Y exactamente Anna, ¿qué es lo que realmente quieres saber? 
¿Por qué tengo la sensación de que él ya lo sabe y que lo que quiere es oírlo de mi boca? 
Agacho la cabeza. Creo que voy a llorar. 
    -Rubia, -me coge suavemente de la barbilla y me la levanta haciendo que le mire a los ojos-, ¿no querías que te dejase las cosas claras? Pues venga, ahora es el momento... Pregunta...
    -¿Por qué te has acostado conmigo? 
    -¿Cuándo? 
¿Por qué me hace esto? 
    -La otra vez... en casa de Helena... 
    -Estaba jodido, muy jodido. No creía lo que estaba pasando. Helena muerta, se había suicidado, había redactado una carta de despedida... mientras escribía esa carta, ella estaba pensando en matarse, en dejar a su único hijo sin madre, sin verle crecer... No sé... no asimilaba que aquello estuviera sucediendo... y... y tú... tú estabas ahí, a mi lado, apoyándome... Lo necesitaba... necesitaba hacerlo... necesitaba sentir que... 
    -¿Necesitabas sexo? -Pregunto con brusquedad-. Vamos que necesitabas follar y me tenías ahí a mano, ¿no?
Me mira aparentemente dolido. Se queda unos instantes callado. 
Nos miramos. 
    -¿Ya? 
Me pregunta y yo le miro sin entender a qué viene esa pregunta.
    -¿Me dejas terminar? Me has preguntado y yo te estoy respondiendo, ¿me dejas acabar? 
Seguimos mirándonos. Asiento con la cabeza. 
    -Sé que acostarme contigo en aquel momento estuvo éticamente mal. Sé que no me porté bien. Sé que le puse los cuernos a Johanne, que le fui infiel... pero es que yo en ese momento te necesitaba tanto... y pasó... -Hace una pausa-. ¿Crees que luego no me sentí mal? ¿Crees que después de aquello no me sentí como una mierda? Pues claro, claro que me sentí como una mierda, me sentí sucio, una mala persona, pero en su momento, -niega con la cabeza-, no lo pude evitar. ¿Me comprendes Anna? ¡No lo pude evitar!
Se pasa las manos por el pelo. Empieza a caminar por la habitación. Yo me siento en la cama. Él se sienta a mi lado. 
    -Y hoy... hoy ha sido... -Me coge de las manos y hace que le mire. Sonríe-. Ha sido un día increíble. Lo hemos pasado tan bien todos juntos, con los niños, con Uri, con Daniela... Ha sido como volver al pasado. ¿Te acuerdas? 
Me mira esperanzado. 
    -Dime rubia, ¿te acuerdas? 
Asiento. Noto que me arden los ojos. Voy a llorar. Él me acaricia la cara como si fuera una joya frágil y valiosa. 
    -Pues eso es lo que he sentido hoy. Por eso hemos hecho el amor. Porque sé que tú también lo has sentido. Por eso lloras, porque sabes que es cierto... 
Me levanto de la cama y busco el pijama. 
    -¿Qué haces Anna? ¿Qué pasa? 
Me doy la vuelta para gritarle, pero pienso en los niños que están durmiendo al otro lado y me callo. Él me mira desconcertado. 
    -Anna... 
Si alguien me pregunta porqué, no sabría responderle, pero con todas mis fuerzas le suelto tal bofetada que le giro la cara. 
Él se toca la mejilla, me mira. 
    -¿Sabes cómo me siento desgraciado? 
Me sorprende lo clara que suena mi voz a pesar de hablar tan bajo. 
Él me mira con el rostro desencajado. 
    -Anna yo...
Levanto la mano para que se calle. 
    -Cállate. 
Me sigue mirando confuso. 
    -Me has utilizado Dani... 
    -No Anna, yo... 
    -Que te calles.
    -Perdón... -Agacha la cabeza. 
    -Me has utilizado, has jugado conmigo, con mis sentimientos, con mis ilusiones... Ahora mismo me siento como una mierda. Y no es justo Dani, eso no es justo. 
    -Pero Anna... 
    -¡Que te calles! 
Cierra la boca. 
    -¿Y Johanne...? -Niego con la cabeza-. Con ella también has jugado Dani. Es una buena chica, guapa, divertida... y también has jugado con ella sin que se dé cuenta, y eso es muy ruin... 
Él agacha la cabeza. 
    -¿Te confieso algo? 
La levanta y me mira. 
    -Aún te sigo queriendo, ¿sabes? No te he olvidado. Sigo estando enamorada de ti. 
Palidece. 
    -Lo pasé mal cuando lo dejamos... 
Él arquea las cejas.
    -Sí, vale, te dejé yo, pero sabes muy bien porqué lo hice. Sabes perfectamente lo que pasó y lo mucho que me dolió. 
Desvía la mirada hacia una mancha invisible en la habitación. 
    -Sé que tú también sufriste mucho, lo recuerdo... Pero a diferencia de mí, tú pudiste seguir adelante, conociste a Johanne, rehiciste tu vida... 
Vuelve a agachar la cabeza. 
En silencio, empiezo a ponerme el pijama. Necesito estar vestida para esta conversación. Cuando ya he terminado, le miro y veo que no se ha movido ni un milímetro. Sigue tal cual... No puedo evitar sentir lástima por él. Tal vez él haya sufrido mucho también con esto, aunque cuesta imaginarlo... Me acerco a él. Le acaricio el hombro. 
    -Lo siento... 
Mi cerebro dice que soy estúpida y mi corazón sonríe. 
Despacio él levanta la cabeza y clava sus ojos verdes sobre mí. Me coge la mano con la que le estoy tocando, la aprieta delicadamente, niega con la cabeza y sonríe. 
Lo miro enfadada, ¿qué le hace tanta gracia? 
Él nota mi reacción deja de hacerlo. 
    -En verdad soy yo quien debe disculparse contigo... -Acaricia mi mano distraídamente-. Me he comportado como un hijo de puta contigo y con Johanne. No merecéis esto ninguna de las dos... y la que menos lo mereces eres tú... 
No sé qué decir... 
Me suelta la mano. 
    -Te mentiría si te dijera que no te sigo queriendo como antes... 
Otra vez, vuelven a aflorar las lágrimas.
    -Volví a rehacer mi vida, cierto. ¿Pero qué podía hacer? La cosa entre nosotros acabó mal, por mi culpa sí. No sabía cómo afrontarlo, cómo volver a recuperarte... -Agacha la cabeza y se lleva una mano a los ojos. 
¡Dios mío está llorando! 
    -No... no fui valiente... no tuve cojones para ir tras de ti y suplicarte una segunda oportunidad... -Se frota la cara para enjugarse las lágrimas-. Me rendí enseguida... como un cobarde... 
Y la noche había empezado con un buen polvo... 
    -Soy plenamente consciente de que ahora te resultará impensable confiar en mí, pero... pero si me das una oportunidad, te prometo que... 
Niego con la cabeza y él deja de hablar. 
    -Entiendo... -Dice resignado.
Volvemos a quedarnos en silencio, hasta que tomo una decisión.  
    -Haz lo que tengas que hacer, pero esta vez hazlo bien. Ahora será mejor que no, pero en un tiempo... -me encojo de hombros-, ¿quién dice que no pueda funcionar? 
Él me mira con el rostro iluminado, como si acabara de renacer. Va a decir algo, pero levanto el dedo y calla obediente. 
    -Pero haz las cosas bien, como se deben hacer... Hagas lo que hagas, tomes el camino que tomes, me tendrás a tu lado, como compañera, madre de tu hija y amiga... ¿vale? 
Él asiente. 
    -Bien... Me voy a dormir, o por lo menos a intentarlo...  
    -Buenas noches... 
    -Buenas noches Dani. 
Me acerco a él y le abrazo fuerte. 
Ahora la pelota está en su tejado, ahora debe ser él quien debe decidir la jugada. Le toca a él. Y me satisface entender que haga lo que haga, no se lo voy a reprochar. Estaré ahí para lo que necesite y seguiré con mi vida. Que sí, que puede que me cueste superarlo, pero si me lo propongo, sé que lo conseguiré. 

1 comentario:

  1. Bravo,bravo pedazo capitulo...necesito otro capitulo ya!!! Si no me mataras con la espera...

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