domingo, 20 de septiembre de 2015

Capítulo 2.18: Almas dolidas.

Para el coche delante de la entrada. Mira a su hijo que observa al infinito abstraído en sus tristes pensamientos. Le acaricia el hombro. 
    -Verás como esto te ayudará...
Jorge levanta la vista hacia su padre. 
    -¿Hará que mamá vuelva?  
Dani niega con la cabeza. 
    -No... 
    -Pues entonces no me va a ayudar en nada. 
Jorge se desabrocha el cinturón y sale del coche. Dani hace lo mismo y juntos entran en el edificio.  


Las dos nos dejamos caer sobre el banco del parque. Estamos reventadas, acabamos de correr nuestros seis kilómetros del tirón. 
    -Dios...  
    -Joder... 
    -Veintiún días...  
    -Veintiún días... 
    -Somos las putas amas... 
    -Sí... 
Las dos nos miramos y nos reímos. 
    -¿Objetivo conseguido?
    -Objetivo conseguido. 
Nos chocamos la mano. 
    -Somos las putas amas... 
    -Eso ya lo has dicho... 
    -Ya, pero es que es verdad... como cuando dos más dos son cuatro... 
    -Entiendo... 
    -Gracias... 
    -¿Eh? ¿Por qué? 
Miro a Brenda extrañada por su repentino agradecimiento. 
    -Por obligarme a correr... 
Sonrío y me río. 
    -¿Y por eso me das las gracias? Pero si mírate, estás hecha una pena. -Sigo riéndome. 
Ella también se ríe.  
    -Tienes razón... te odio... 
Las dos miramos al cielo a la vez mientras relajamos la respiración. 
No sé cuánto tiempo estamos así. Brenda interrumpe el hilo de mis inútiles pensamientos. 
    -¿Me vas a contar qué es lo que te pasa? 
La miro intentando fingir que no sé de qué me está hablando.  
    -Qué dices...  
Ella me está mirando fijamente. Niega con la cabeza. 
    -Está claro que algo te pasa, estás distinta estas últimas semanas... 
    -¿Por qué lo dices? No será porque me ha dado por correr y te he arrastrado conmigo. 
Sonrío intentando parecer despreocupada. 
    -Si no me lo quieres contar no me lo cuentes, pero no finjas que no te pasa nada porque es que todos lo notamos Anna. 
Alzo la vista otra vez hacia el inalcanzable cielo. 
    -Sabes que si me pasara algo ya lo sabríais... 
    -¿Sabes? No me convencen en absoluto tus palabras, pero dejaré de insistir. Ya verás tú el momento adecuado para soltarlo, pero antes de hacer como si esta conversación no hubiera tenido lugar, prométeme que tú estás bien.
Y yo, como una buena persona, mujer y amiga, la miro a los ojos, la cojo de la mano, se la aprieto y le aseguro que estoy perfectamente. 
Después de ducharme y vestirme, salgo de casa para ir a recoger a Lía que está en casa de Uri jugando con Leila. Cuando llego me las encuentro dibujando en el salón, así que voy a la cocina a hablar con Uri que él sí que lleva raro estos últimos meses... La verdad es que hemos hablado poco de nuestras cosas y me siento fatal por no hacerlo porque siento que lo que nos unía antes, se está desvaneciendo. Ahora lo que más nos une son las niñas y... no... 
    -Hola.  
Me siento delante de él. Me lo encuentro concentrado delante del ordenador.  
    -¿Qué haces?  
    -Hola, nada, estoy mirando cosas por internet...  
    -Mmm... las niñas están en el salón dibujando. ¿Cómo se ha portado Lía?  
    -Bien, ya sabes, son buenas chicas.  
    -Oye Uri, ¿estás bien?  
Levanta la vista del ordenador y me mira. 
    -¿Cómo? 
    -Que si estás bien.
    -¿Por qué lo preguntas?  
    -Estás como apagado. 
Él se me queda mirando durante unos segundos pensándose la respuesta. Suspira. 
    -Hay algo... 
    -¿Cómo algo?
    -Alguien... 
Sonrío. 
    -¿Has conocido a alguien?  
    -No, ya la conocía...  
    -Ah, pues no sé, una antigua amiga, ex, compañera... 
    -Amante, novia, madre de mi hija... 
Me quedo con la boca literalmente abierta. 
    -¿Daniela...?  
    -La misma que viste y calza. 
    -Pero... ¿cuándo...? 
    -Hace ya unos pocos meses... 
    -¿Y cuándo pensabas contármelo?  
    -No lo sé, ahora mismo contártelo no estaba en la lista de las diez cosas que me quitan el sueño. 
    -Bueno, vale, tampoco es para ponerse así...  
Él se levanta de la silla y empieza a caminar por la cocina de un lado para otro. 
    -Ahora, después de cuatro años vuelve para ejercer de madre, ¿te lo puedes creer?  
    -Bueno, tú le has ido mandando fotos de la niña para que no se olvidara de ella, ¿no era eso lo que querías? 
    -Ahora que está aquí, no lo sé, no sé si era eso lo que quería...  
    -Pero, ¿ha visto a Leila? ¿Leila la conoce?  
    -Sí, la niña la adora. 
    -Entiendo que la niña no sabe que es su madre.  
    -No, pero le encantaría.  
    -Pregúntale. 
    -No.
Me levanto y me pongo delante de él. Le miro seriamente. 
    -¿Qué te ocurre?  
Él parpadea un par de veces. En lo que me quiero dar cuenta descubro ante a mí a un hombre profundamente dolido.  
    -Me abandonó, y lo que es más doloroso aún, es que abandonó a nuestra hija que no tenía culpa de nada... y ahora vuelve, con regalos y sonrisas como si nada hubiera pasado... y eso duele... duele mucho. 
Se tapa la cara con ambas manos para intentar detener en vano las lágrimas. 
No sé qué decirle, está pasando por una situación demasiado complicada. Le abrazo. 
    -Lo siento... 
En silencio empiezo a llorar yo también.
Él me corresponde al abrazo abrazándome más fuerte. Me duele descubrir que me necesitaba y yo no estaba. 
    -Lo siento mucho... -Le digo. 
Se separa de mí y me mira. 
    -¿Por qué? -Me acaricia la cara para secarme las lágrimas. 
    -No he estado ahí para apoyarte.
    -Tranquila, los dos tenemos vidas muy ocupadas...  
Le cojo de las dos manos y le miro a los ojos. 
    -Que sepas que me tienes aquí para lo que necesites, que te apoyaré en todo lo que esté en mi mano para que seáis felices, tú y la niña.  
Él sonríe. 
    -Muchas gracias.  
    -Se me ocurre una idea, ¿por qué no llamo a Brenda, que se quede cuidando a las niñas y tú y yo nos vamos a cenar y luego a emborracharnos hasta perder el sentido? 


    -Jorge, ¿puedes esperarme un momento fuera? 
    -Sí papá.  
Se sienta en una de las sillas del pasillo. Dani entra en el aula y mira a la psicóloga que lo va a ayudar a superar con el duelo del la muerte de su madre.
El niño mira de un lado a otro fijándose más en los detalles del lugar y de las personas que pasan por allí. Se pregunta si toda esa gente también está tan triste como él. Mueve la cabeza y ve que una chica lo está observando. Agacha la cabeza y se mira los pies. No le gusta que le miren, le molesta.  
    -Jorge, nos vamos.   
Él se levanta y va detrás de su padre por los pasillos. Se mete las manos en los bolsillos y mira al suelo.  
    -¿Dani...?  
Los dos miran hacia la persona que le ha llamado. 
    -Hola... 
Dani mira a la chica, sabe quien es, la ha visto antes, pero por el momento no es capaz de situarla en cuándo ni dónde. 
Ella se percata de que no la reconoce y agacha la cabeza avergonzada por el atrevimiento. 
Jorge no la conoce, pero sabe que es la que hace unos minutos le estaba observando.  
    -Disculpa... 
La muchacha se echa para atrás y gira sobre sus talones mientras el rostro se le tiñe de escarlata. Entonces, Dani la reconoce. 
    -Espera, tú eres aquella chica que estaba en el hospital, ¿no? Desayunando...  
A ella se le ilumina la cara, vuelve a girarse sobre sus talones e intenta reprimir a la fuerza la sonrisa bobalicona estampada en la cara. 
    -Sí... 
Dani no es ajeno al entusiasmo repentino de la chica y sonríe. Se acerca a la chica y le da dos besos. Mira a su hijo. 
    -Mira Jorge, te presento a... -la mira- lo siento, me acuerdo de ti, pero no de tu nombre.  
    -Elvira.  
Ahora mismo a ella le da igual que se acuerde de su nombre o no, ya es demasiado que la recuerde y por ello ahora mismo está absolutamente feliz.  
    -Jorge, Elvira. Elvira, Jorge, mi hijo mayor...  
Ella se acerca al niño y le tiende la mano. 
    -Encantada. 
Él le estrecha la mano, pero no dice nada. No le apetece decir nada.
    -¿Has empezado a ir a terapia?
Le pregunta Dani con verdadero interés. Recordaba que aquella niña estaba en una situación complicada, que había perdido a su hermana pequeña y a su madre de la manera más cruel que se puede perder a alguien y que ella quiso irse con ellas también.  
La chica se toca el pelo y asiente con la cabeza. 
    -Sí...  
Dani siente lástima por ella, se la ve frágil y débil. 
    -¿Y cómo estás? 
Le pone una mano en el hombro. 
Ella sorprendida por ese gesto lo mira con los ojos bien abiertos y luego desvía la mirada. 
    -Es difícil... 
Cierra los ojos. 
    -Papá, ¿podemos irnos? 
Jorge quiere salir de allí cuanto antes, quiere llegar a casa, encerrarse en su habitación y ponerse a jugar con la PSP para distraerse un poco. 
    -Sí claro. -Mira a la chica y le acaricia el pelo en señal de apoyo-. Me alegro de verte. 
Ella asiente con la cabeza y susurra algo parecido a un *Yo también*, pero no se le oye ya que un grupo de gente pasa por su lado hablando a voces.  
Dani coge a su hijo del hombro y se van hacia el coche bajo la atenta mirada de Elvira, que agradece al destino el haberle regalado aquel momento tan maravilloso como aquel.  


Salimos del restaurante donde hemos cenado maravillosamente bien.
    -¿Te ha gustado la cena?
Uri pasa el brazo por mi hombro y me atrae hacia él. 
Sonrío. 
    -Estaba riquísima. ¿Has visto como la camarera intentaba ligar contigo? -Me río-. Y tú ahí, sin prestarle la más mínima atención. Pobrecita.  
    -Sí le he hecho caso...
Me río. 
    -Hombre, decirle *Trae otra botella de vino blanco por favor*... 
Los dos rompemos a reír. 
    -Anda que... 
Seguimos caminando hasta que me paro en seco delante de una fuente con luces de colores. Me siento en un banco y Uri se sienta a mi lado. Me coge de la mano y me la aprieta. 
    -Ey... ¿qué te ocurre...?  
Cierro los ojos. 
    -Aquí fue donde Dani me pidió matrimonio aquella noche... 
Uri suspira.  
    -La última noche que pasamos los cuatro juntos... 
    -Bueno, tampoco fue así... nos fuimos a cenar cada uno a un lugar... y luego... discutí con Daniela... y...  
No puedo reprimir las ganas de llorar, así que dejo que las lágrimas se suiciden colectivamente por mi rostro. 
    -Ya... apartir de aquella noche todo cambió...  
    -Todo...
Oigo más que veo que Uri también está llorando en silencio.  
    -¿Por qué...? 
Pregunta con la voz quebrada.  
    -No lo sé... 
Ambos nos apretamos la mano fuerte. Nos quedamos un rato en silencio con nuestras lágrimas suicidas.  
    -La quieres... a Daniela... la sigues queriendo... por eso te duele tanto...  
Él se queda callado, recibo un apretón de mano como respuesta.  
    -Eso es que sí. 
Otro apretón de mano.  
    -Eso es que sí. -Digo más para mí que para él. 
Seguimos en silencio. 
    -¿Y tú...?
    -Qué. 
    -A Dani...  
    -No entiendo, ¿qué pasa con él? 
Le miro y él me mira. 
    -¿Le sigues queriendo? 
Pienso mucho la respuesta; le digo la verdad o le digo que ya no, no sé...  
    -Me acosté con él. 
    -¡¿QUÉ?!  
    -Hace tres semanas, después del funeral de Helena.  
    -No. -Dice incrédulo. 
    -Sí. 
    -No puede ser. 
    -En su cama. 
    -¡¿En la de Helena?!  
    -Sí. 
    -Joder...  
    -Sí.  
    -Pero si él está con Johanne.  
    -Sí. 
    -¡Deja de decir sí todo el rato!  
Dice exasperado.  
    -¿Y qué más quieres que diga?
    -Joder...  
    -S... bueno... 
Y por una razón desconocida empiezo a reírme a carcajadas y no puedo parar.
    -Pero... 
Y él también empieza a reírse. Así nos tiramos otro rato hasta que nos relajamos.  Vaya par de bipolares estamos hechos. Nos quedamos en silencio mirando hacia la fuente que cambia de colores cada dos por tres. 
    -Johanne es una cornuda.  
Dice Uri pensativo.  
    -Ajá. 
    -¿Sólo ha ocurrido una vez?
    -Sí. 
    -¿Habéis hablado del tema?  
    -No, él está muy liado ahora con su hijo y en el trabajo creo que nos evitamos mutuamente.  
    -¿Te arrepientes de haberlo hecho? 
Sonrío y le miro. 
    -Que se arrepienta él.  
Uri me mira desconcertado.  
    -¿Repetirías...? 
Me encojo de hombros. 
    -Si se da la ocasión... 
    -Le quieres...  
    -Nunca dejé de hacerlo.  
Uri se cruza de brazos. 
    -O sea, que los dos estamos enamorados de dos personas que nos han hecho mucho daño cada una a su manera, ¿no?  
    -Así resumido... sí.  
Sonrío. Los dos miramos otra vez hacia la fuente. 
    -¿Y qué piensas hacer?
Miro a Uri que me mira con curiosidad. Le sonrío y pregunto: 
    -¿Y tú? ¿Qué piensas hacer tú?     

1 comentario:

  1. Uri sigue queriendo a Daniela a pesar de todo. Es la madre de su hijo,pero en esos momentos no sabe qué hacer. Y lo mismo le pasa a Anna con Dani... Madre mia! Que complicado todo...
    Elvira va a la misma terapia que iria Jorge? El mundo es un pañuelo,ya te digo que sí.
    Capitutulazo! :)

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