lunes, 3 de agosto de 2015

Capítulo 2.14: Esperanza

¡AVISO! Este relato es completamente ficticio, aunque salgan nombres de personajes reales. 


Hay momentos en la vida en los que crees que lo has perdido todo. No hablo de dinero, ni de cosas que se puedan guardar en una caja, sino en sentimientos como la fe, el amor, la alegría, los sueños, esperanza...  


    -Bueno, menos mal, es varicela. 
    -¿Cómo que menos mal? Dani, la niña lo está pasando fatal. 
    -Hombre, cuando nos ponemos enfermos no es que estemos precisamente para bailar jotas.  
Por mucho que lo intento, no puedo evitar que se me escape la risa. 
    -¿Ves? Tú también opinas lo mismo.  
    -Anda cierra el pico.  
Le doy un toque en el brazo. 
Después de haber pasado una de las peores noches de nuestra vida, ahora estamos más tranquilos, relajados y animados. Después de horas en la sala de urgencias con Lía en brazos llorando, pataleando, desesperada por porque se encontraba fatal, por fin duerme. Nos espera como mínimo una semana de quejidos por las erupciones y la fiebre. En fin... 
    -Oye Anna, ¿quieres que me quede contigo estos días en lo que la niña pasa la varicela? 
Aprovecho que las puertas del ascensor se abren, subo con la niña en brazos y disimulo mi carita de sonrojo. 
    -No hace falta, tendrás mucho que hacer. 
Disimula Anna, disimula.  
    -¿A ti te molestaría que estuviera allí? 
Eh, ¿a qué viene esa pregunta? Perdona... 
    -No, claro que no. 
O sea, ¿cómo me iba a molestar? Estoy enamorada de ti, ¿sabes?  
    -Bien, pues ahora vamos a mi casa, cojo algo de ropa y me instalo en tu casa unos días contigo y con la niña.  
Se saca el Iphone del bolsillo para mirar la hora y supongo que sus mensajes, momento que aprovecho para sonreír como una imbécil. 
Seguro que a Lía le encantará vivir con sus padres en la misma casa. Le acaricio el pelo.
    -Son las ocho de la mañana, ¿te apetece que desayunemos aquí?  
    -Sí, necesito un café.
Salimos del ascensor y nos vamos a la cafetería donde huele a tostadas y café recién hecho.  


El psiquiatra mira a Elvira que aún sigue algo atontada por las pastillas que ingirió hace unas horas. 
    -Elvira responde por favor, ¿por qué intentaste suicidarte?  
Ella levanta la cabeza y lo mira. 
    -Porque estoy cansada... 
    -¿Cansada de qué?  
Ella niega con la cabeza. Tiene la cabeza como un bombo y mucho sueño, ahora lo que menos le apetece es someterse a un interrogatorio de un señor que supuestamente ayuda a la gente a mejorar su forma de ver la vida a cambio de unas cuantas perras.  
    -Bueno, como veo que ahora estás cansada y que no te apetece hablar conmigo, te voy a dar cita para que vengas a hablar conmigo la semana que viene.  
Ella no le hace caso, seguramente no vaya a verle nunca más. No necesita ayuda de nadie, solamente que la dejen en paz, que la dejen morir en paz. 
El doctor le da una hoja a Rocío y se marcha. 
    -Ya nos podemos ir cielo. Te ayudo a vestirte. 
¿Ahora se interesa por ella? ¿Después de tantos insultos y tantas peleas ahora se interesa por ella? Puta hipocresía... 
No tiene ganas de pelearse con nadie, ahora solamente le apetece salir de esa habitación, beberse un zumo de naranja recién hecho y volver a dormir. Tiempo y maneras para suicidarse hay de sobra.  
Se viste y se disponen a salir.  
    -¿Puedo tomarme un zumo de naranja?  
Rocío la mira y asiente, le acaricia el pelo. 
    -Vamos. 
Elvira no se inmuta. Su inclinación natural sería apartar la mano de su tía de un manotazo, pero a lo mejor necesita ese contacto humano para sentirse mejor, quién sabe. 
Llegan a la cafetería y se sienta. 
    -Espera aquí cielo, voy a por tu zumo, ¿te apetece algo más?  
Ella niega con la cabeza.  
    -Bueno, vale. 
Rocío le acaricia el pelo y se agacha y le besa la mejilla.  
Elvira sonríe. 
Tal vez el que haya intentado suicidarse haya hecho cambiar el chip a su tía. O tal vez no... tal vez sea ahora que está todo muy reciente, pero en unos días todo puede volver a ser como antes, y no, no está dispuesta a pasar por ello ni una sola vez más. El suicidio siga siendo la mejor opción. 
Su tía llega con un vaso de zumo y un café con leche. Se sienta enfente de ella.  
    -Gracias...  
Coge el vaso y casi se lo bebe de un trago. 
Rocío sonríe.  
    -Sí que tenías sed. ¿Quieres otro u otra cosa?  
Ella niega con la cabeza.  
    -De verdad, puedes ir a pedirte lo que te apetezca.  
Qué pesada, pero lo cierto es que se ha quedado con ganas de más, otro vaso de zumo no estaría mal.  
    -Pues voy a pedir otro zumo. 
Se levanta a la vez que su tía. 
    -No cielo, tranquila que te lo pido yo. 
Se ha dado un chute de pastillas, no amputado las piernas, por lo tanto puede andar. 
    -No, ya me lo pido yo, tengo que ir al baño.  
    -Está bien. 
Rocío toma asiento de nuevo y sigue con su café, controlando cada paso de la niña.  
Le dan el vaso de zumo. Ella lo coge y se lo bebe al instante. No le apetece ir con su tía, le apetece estar sola, pensar, o mejor no, no pensar.  Se queda mirando hacia la puerta de entrada, apenas entra gente. Aún es demasiado temprano.  
Se fija en una mujer rubia que entra con una niña en brazos. Siente que el corazón se le para, sabe quien es y en milésimas de segundo ve que detrás va él. 
Ha estado esperando lo que le parece toda la eternidad esperando ese momento y ahora, que es cuando simplemente no siente nada, sucede la magia. Sonríe. No puede ser. Ve que él habla con Anna, que ella se aleja con la niña y se sientan en la mesa que justo está al lado de la suya. No puede dejar de sonreír. Mira a su tía un segundo y ve que ésta tiene la mandíbula desencajada. Tampoco se lo puede creer. Vuelve a mirar hacia Dani y ve que éste se acerca a donde ella. Se apoya  en la barra, se le nota cansado. 
    -¿Qué le pongo señor? 
Pregunta la camarera que se sonroja al mirarle, pero eso a él le es totalmente indiferente. 
    -Dos tostadas con mantequilla, un café con leche, dos zumos de naranja y uno de piña. 
    -Bien. 
    -Espere espere, pon también un vaso de leche caliente y  otro con Colacao. 
Ella sonríe. 
    -¿Algo más?
    -No. 
Ella sonríe y se pone a prepararlo todo.  
Elvira mira a su tía. Le tiene a menos de medio metro de ella, solo, esperando a su desayuno, oportunidades como esta no va a volver a tener en su vida. Rocío le sonríe y dice sin pronunciar la palabra adelante mientras levanta el pulgar. Ella respira hondo y vuelve a mirarle. Él está leyendo el titular del periódico que hay sobre la barra, pero como no le interesa, vuelve la vista hacia la niña gelatina y le dedica una tierna sonrisa. 
    -Hola. 
    -Ho-hola... 


Hay momentos en la vida en los que crees que lo has perdido todo. No hablo de dinero, ni de cosas que se puedan guardar en una caja, sino en sentimientos como la fe, el amor, la alegría, los sueños, esperanza...  
Cuando sientas que lo has perdido todo, no te rindas, pues mañana a primera hora te puede suceder algo que haga que todo lo que has sufrido merezca la pena. 
Nunca pierdas la esperanza.  


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Lamento que hayáis tenido que esperar tanto tiempo para esta capítulo. A la próxima intentaré no alagar más la espera. 

Un beso y un abrazo muy fuerte a todos.

PD: perdonadme las más que posibles faltas de ortografía.  

2 comentarios:

  1. Cuando lo tenía todo perdido Elvira,aparece Dani en la cafetería,se pone al lado suyo y la habla :) Está visto que los sueños se pueden cumplir :)
    Yo no me fio aun de la tía... Puede que la trate bien como se ha intentado suicidar...

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    1. Claro que los sueños se pueden cumplir, o si no, puede ocurrir algo en tu vida que puede llegar a ser la casualidad más bonita del mundo.

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