lunes, 14 de diciembre de 2015

Capítulo 2.20: 2 semanas.

Hoy es un día tenso: dentro de cinco minutos Miguel Ángel nos dirá qué será del programa, si lo cierran o no, si otra cadena lo compra o no... Pufff, estoy nerviosa, no hay manera de concentrarse con nada, y no soy la única, ¿eh? Que aquí absolutamente todos están con el corazón en la garganta.      
    -¿Qué tal? 
Dani me sobresalta. Miro a mi derecha y ahí está. Dios mío es que es guapísimo. Me encojo de hombros a modo de respuesta.
    -Ya, yo también estoy igual. 
Se sienta a mi lado.
    -Me pregunto por qué siempre te sientas en mi sitio para repasar. 
Deja su guion sobre la mesa y empieza a jugar con el boli apretando continuamente el botón que hace que la punta aparezca y desaparezca. Click click, click click, click click... En clase odiaba que la gente hiciera eso, era un ruido que me ponía de los nervios; me daban ganas de levantarme, ir hacia ese retrasado y meterle el boli por el... Que me voy del tema, vamos a ver, Dani es guapísimo.
    -Aquí hay un poco más de luz, si te molesta me cambio de sitio...  
Él sonríe y niega con la cabeza.
    -Tranquila, si no me importa. Sonrío.
   -Gracias.
Nuestras miradas se cruzan un par de segundos. Rompo el contacto visual agachando la cabeza y haciendo como que leo el guión por encima. Joder, cuando estoy cerca de él siento como si tuviera 15 años; me pongo nerviosa, me tiemblan hasta las uñas de los pies, cuando me mira siento que el corazón deja de latir...  me siento estúpida porque soy estúpida. ¿Cómo pude acostarme con él aquella vez? ¿Por qué no le paré los pies? Podría haberme ido, haberle dicho que eso no estaba bien, que nos arrepentiríamos, yo que sé, cualquier cosa menos hacerlo... Cierro los ojos e intento tranquilizarme por todos los medios.  Y él está ahí, como si no le importara lo que hicimos. Aunque siendo menos egoísta por acaparar sus pensamientos es normal; ya tiene suficiente con nuestra hija, su hijo y su novia. No tiene tiempo para pensar en un estúpido error. Él estaba de bajón, necesitaba liberar tensiones, yo estaba a mano y pasó. Ahora a actuar como si nada y a seguir para adelante. 
Todos los del equipo van entrando al plató.
    - ¿Qué ocurre? 
Pregunta Dani.
    -Que Miguel Ángel nos ha reunido a todos aquí. 
Contesta Valdi.
    -Eso es que Tonterías se acaba. 
Dice un pesimista David. 
En contra de lo que quiero creer, creo lo mismo que él. Miro a Dani, está serio, mirando a todos los que entran y se colocan para la reunión. 
Dios mío, esto me huele a despedida, esto me huele a despedida...   
Voy a llorar...  
Todos van hablando sobre lo que creen que va a pasar hasta que al fin entra Miguel Ángel acompañado con Flo.
Todos callan de repente, el silencio sepulcral se adueña en el plató.
    -Chicos...
Sobran las palabras, todos sabemos lo que viene después. Nos miramos unos a otros, los días de trabajo en equipo están contados, ¿cuánto nos quedará? ¿Una semana? ¿Tal vez dos? ¿Un mes? Ojalá fuera un mes...
    -No llores rubia...
Me susurra Dani al oído y me seca las lágrimas con el pulgar. No me había dado cuenta de que estaba llorando.
    -Tenemos dos semanas para dar lo mejor de todos nosotros... Vamos a demostrar que somos el mejor programa de la historia de la televisión, ¿de acuerdo? Dice Flo.
    -Si esto se acaba, vamos a dejar el listón bien alto, vamos a irnos de aquí con el orgullo de que hemos hecho un buen trabajo. ¿De acuerdo?
    -De acuerdo.
Decimos todos casi al unísono.
    -Y alegrad esas caras, que el mundo no se acaba. Venga, a trabajar.
Casi todos abandonan el plató, Dani se levanta y va hacia Miguel Ángel y Flo, y yo para saber de qué hablan voy con él.
    -Flo, ¿se puede saber qué ha significado esto?
Flo lo mira.
    -Tonterías las justas acaba Dani, en dos semanas, ya lo he dicho.
    - ¿Y luego? ¿Luego qué será de todos nosotros? ¿Al paro?
    -Tú no creo que vayas al paro, ambos sabemos que tienes varias propuestas sobre la mesa.

    - ¿Y los demás?
    -Dani, este es el mundo de la televisión, estas cosas funcionan así... Escribiremos cartas de recomendación para cada uno de los integrantes del equipo. Esto también nos duele a nosotros...
    -Pero si es eso lo que te preocupa Dani, estamos hablando con otras cadenas interesadas en un formato parecido al este. Es algo que todos ya saben, pero no hay nada seguro, así que no os hagáis ilusiones.
Dice Miguel Ángel.
    -De acuerdo.
No sé por qué, pero Dani me agarra del brazo y me lleva con él hasta su camerino. Cierra la puerta.
    - ¿Qué ocurre?
Pregunto desconcertada.
Él se pasa las manos por el pelo exasperado.
    -Estoy cansado...
Se sienta en el sofá y yo en la silla para mantener un poco las distancias.
    -Flo tiene razón Dani, a ti no te costará encontrar donde trabajar. Ahora muchas cadenas se pelearán por ti.
    -No es eso Anna.
    -Ah, pues entonces no entiendo...
    -Es Joanne...
    -¿Qué pasa con ella? ¿Está bien...?
No entiendo nada.
    -Su abuela está en las últimas, no creen que aguante mucho ya...
    -Pero eso ya se sabía, ¿no? Es decir, no quiero parecer insensible, lo que quiero llegar a decir es que esto no pilla de sorpresa....
Anna, mejor cállate.
    -No si ya, pero es Johanne, que me ha pedido que nos vayamos a Canadá un tiempo con ella, que quiere presentarnos a toda su familia...
    -Ya...  
Ni idea de qué puedo decir.
    -¿Cuándo quiere que vayáis?
    -Lo antes posible.
    -Ahora lo antes posible son dos semanas, en lo que se acaba Tonterías las justas...
    -Ese no es el problema Anna...
    -¿Y cuál es? Secretamente aguardo una esperanza en mi corazón.
    -Pues...
Meri toca la puerta y abre.
    -¿Os venís a comer?
    -Claro.
Responde Dani, se levanta y coge la chaqueta. Y ahí estoy yo, esperando una respuesta de amor como una idiota.
    -Os esperamos en la entrada.
Dice Meri yéndose.
Yo miro a Dani.
    - ¿Quieres contarme antes de irnos?
Espero no haber sonado como una desesperada.
    -En otro momento. Ahora vamos con ellos, que ahora tenemos los días contados y quiero disfrutarlo.
Salimos del camerino, mientras bajamos por las escaleras Dani dice algo que es muy oído, pero poco entendido:
    -Que poco sabemos apreciar lo que tenemos hasta que lo perdemos, ¿eh?
Cuánta razón...


Uri abre la puerta, se encuentra a Daniela en el rellano con las manos en los bolsillos y la cabeza agachada. Algo ha pasado, es raro que ella aparezca así de repente.
    -Daniela... no te esperaba...
    -Ya, ¿puedo pasar?
Pregunta con voz temblorosa.
    -Claro. 
Se aparta y deja que ella entre.
    -Pasa al salón, ¿te apetece tomar algo?
    -No.
    -Bien, pues siéntate y cuéntame qué ocurre.
Los dos se sientan en el sofá, ella se aleja a un extremo. Después de lo que tiene que contarle, no cree que él quiera estar tan cerca de ella.
Uri la mira atento, no entiende nada.
    -Bueno... para empezar, quiero que decir que lo siento, que lo siento mucho...
    -Daniela no entiendo...
    -Por favor no me interrumpas.
    -Vale, perdón...
    -Uri... ¿tú nunca te has preguntado de dónde saco tanto dinero para el alquiler de la casa y los regalos que os hago a ti y a Leila...?
    -Sí, lo he pensado, pero nunca le he dado importancia. No sé, confío en ti. Sinceramente no creo que lo consigas robando bancos o traficando con droga... ¿por qué...?
Como trafique con drogas le da algo.
    -No, no lo gano así, no... Pero... pero...
Todo lo que había ensayado antes se había ido al garete, estaba con la mente en blanco.
    -Daniela, me estás asustando, ¿qué pasa?
    -Uri soy bailarina, bailarina exótica.
Suelta de sopetón.
Uri no está seguro de si ha oído bien. ¿Bailarina exótica? Ahora no sabe qué decir, ¿qué dice? ¿Les habrá enseñado sus atributos a otros hombres? ¿Habrá hecho bailes privados a cobrando más dinero? ¿Habrá hecho trabajos extras?
    -¿No... no vas a decir nada...?
    -Eh... ¿sólo bailarina...? Es decir...
    -Sí, sólo bailarina, no soy stripper... bueno, a ver, a veces sí me quito la ropa, pero me quedo en ropa interior... no enseño nada...
    -Ah.
    -Te vi la semana pasada.
Uri se sobresalta.
    -¿Qué?
    -Que te vi, estabas entre el público babeando como todos.
Sonríe.
Uri la mira y niega con la cabeza.
    -Te confundirías.
Su voz lo delata.
Daniela se ríe.
    -¿Desde cuándo matas el tiempo yendo a locales de barra americana?
    -Desde que veo bailar a una belleza rubia que se parece a ti.
Ella sonríe.
    -Mentiroso..
    -¿Mentiroso yo? Ahora verás...
La atrapa haciéndole cosquillas sin piedad.
Ella intenta quitárselo de encima, pero no puede. No deja de reír.
    -¡Para! ¡Para! ¡Para! ¡Para!
Risas y más risas. Al final no ha sido tan terrible como esperaba.


Dani habla vía Skype con Johanne:
    -Dani, enserio, te necesito...
    -Lo sé cariño, pero tengo trabajo, son dos semanas más y se acaba el programa.
    -Mi abuela no va a durar dos semanas Dani, ella te quiere conocer...
    -Mira yo lo siento mucho, pero aquí tengo obligaciones, no puedo dejarlo todo ahora.
    -No puedes... Nunca puedes.
    -Trabajo.
    -Yo dejé el mío.
    -Tú no tienes dos hijos.
    -Joder Dani, te echo de menos...
    -Y yo a ti.
    -¿Entonces? ¿Por qué no vienes?
    -Creo que eres suficientemente madura para saber y comprender la respuesta, ¿no Johanne? 
Dice bruscamente por la exasperación. 
    -Me estás fallando...
    -Y tú a mí. 
Se desconecta.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Capítulo 2.19: Buenas noches princesa.

Dani: Cómo está tu abuela?  
Johanne: Muy mal...  
Dani: Siento no poder estar contigo allí...  
Johanne: No pasa nada cariño, tú estás ocupado. Estás con tu hijo que te necesita y a mí me necesita mi abuela... Te echo de menos mi amor. 
Dani: Y yo a ti bonita.
Johanne: Tengo ganas de hablar contigo. Hace muchos días que no hablamos y echo de menos tu voz. 
Dani: Yo también lo echo de menos.  
Johanne: Ahora mismo estoy llorando.  
Dani: No llores...  


    -Dani.  
Dani bloquea el Iphone y se lo guarda, se levanta y va a la sala de reuniones con todo el mundo. 
Todos se preguntan lo mismo: ¿a qué viene esta reunión de emergencia? 
Cuando están todos sentados, es Flo quien toma la palabra.  
    -Esta tarde es posible que empiecen los rumores, así que os pongo en sobre aviso de que es posible que la cadena cancele el programa. 
Inmediatamente la sala se llena de murmullos y preguntas sin resolver. 
    -Calma, calma, eso no significa que el programa en si desaparezca. 
    -¿Cómo que no? Si la cadena cancela, el programa desaparece.  
Dice Dani con la mano alzada.  
    -Tal vez este programa sí, pero eso no significa que podamos continuar todos juntos en otra cadena con el mismo equipo. 
    -Un programa con el mismo espíritu, pero maquillado de otra forma en otra cadena, ¿no?
Pregunta Anna.  
    -Correcto.  
    -Pero, ¿en qué cadena? 
Pregunta Meri. 
    -En la de la competencia. 
Responde a Dani. 
    -Chicos chicos, calma, a ver, de momento, todo esto son especulaciones, de momento no hay nada confirmado.  
    -¿Y por qué quieren cancelar el programa si las audiencias son buenas?  
Pregunta de nuevo Anna. 
    -Es cosa de los que mandan. 
    -Pues qué hijos de puta. 
Suelta Dani.  
    -Dani...  
Advierte Flo.  
    -No, es que es verdad, este programa es una pasada, lo estamos haciendo bien, no entiendo por qué coño tienen que cancelarlo...  
    -Para empezar; aún no es nada oficial y lo segundo, es posible que otra cadena lo compre y sigamos haciéndolo. 
    -Resumiendo, que el futuro del programa y de nosotros depende de un grupo de peces gordos con traje y corbata. Pues de puta madre.  
Dani se levanta y abandona la sala.  
Todos se miran unos a otros. 
    -Tiene razón. 
Dice Meri cerrando una carpeta. 
    -Dani tiene razón...  
    -Venga, preparaos para salir, aún nos queda mucho ruido por hacer. 
Todos se levantan y van saliendo de la sala de reuniones. Anna se queda la última con Flo. Antes de salir lo mira y le pregunta: 
    -¿Estás seguro de que sólo son especulaciones...? 
Flo la mira. 
    -De momento lo son. 
Ella agacha la cabeza. Flo le acaricia el pelo. 
    -Verás como todo va a salir bien. Anda, ve con Dani, necesita hablar contigo.  
    -¿Cómo conmigo...? 
    -Ve, lo necesita... 
    -Vale.  


A Dani se le han venido muchas cosas encima estas últimas semanas desde que murió Helena: cuida de Jorge, trabaja, cuida de Lía, sigue trabajando y encima Johanne sigue en Canadá porque su abuela está muy enferma y no vendrá a España hasta que la mujer fallezca, y eso  por lo que sé, será en cuestión de pocas semanas e incluso pocos días. Está pasando por muchas cosas él solo. Le ayudaría, pero claro, si no somos capaces de mirarnos a la cara...  pues ayudar, poco. 
Toco la puerta de su camerino.
    -No estoy. 
Sonrío y sigo golpeando la puerta con los nudillos.  
    -¡Que no estoy cojones!  
    -Dani soy yo, abre.  
Al momento oigo como quita el pestillo y deja que sea yo quien abra la puerta. 
Entro al camerino y lo veo sentado en el sofá, así que me siento en la silla. Le miro. 
    -¿Estás bien?
    -¿A ti qué te parece? 
Suspiro. 
    -Tampoco es para que te pongas así, ¿no?  
    -¿Tú qué crees?  
    -Joder Dani deja de ser tan... 
    -¿A qué coño has venido Anna?  
Su mirada fría se clava sobre mí. 
    -Pues... 
Agacho la cabeza. Realmente no sé qué decirle, ahora mismo me intimida muchísimo.  
    -Ni siquiera tú lo sabes, anda que...  
    -¡Cállate!  
Los dos nos miramos sin saber muy bien qué decirnos.
Él respira hondo.  
    -Estoy cansado...  
No digo nada, escucho.  
    -Digamos que ahora mismo la vida no me lo está poniendo nada fácil. Cada día que pasa siento que no puedo yo solo con todo esto...  
    -¿Te refieres a Jorge...?
    -Me refiero a todo...  
    -Bueno, ya sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites. 
    -Ya... 
No me cree. Natural.  
    -Vale, sé que estas últimas semanas hemos estado muy distanciados y eso, pero ante lo que haya pasado entre nosotros primero están los niños y ellos no tienen la culpa de nuestros actos. Así que, puedo ayudarte. 
    -Lo veo bien...  
    -¿Entonces...?  
    -Acepto tu ayuda.  
Me tiende la mano y yo se la estrecho. Paso por alto el cosquilleo que me recorre el cuerpo. Le suelto la mano. 
    -Bueno... aún nos queda mucho por hacer antes de volver a casa.  
Los dos nos levantamos y salimos fuera. Me alegra haber pactado una especie de tregua con él, pero lo cierto es que estoy aterrada pensando en las cosas que podrían pasar...  


    No puedo dejar de pensar en el mal que he hecho. No puedo llegar a entender aún la razón de el porqué tuve que dejarlo todo atrás y marcharme lejos, huyendo de quienes me necesitaban. 
    Siento tanto asco propio... No hay día en el que no me arrepienta de haber actuado con cobardía ante las adversidades de la vida. Ahora mismo soy esa clase de personas que la sociedad rechaza porque ven inhumanas las acciones que hacen... no sé, todo es tan complicado, tan difícil, tan mierda...  
    Temo el transcurso de los días porque siento que un día más es un día menos de oportunidades de recuperar el tiempo perdido. 
    Intento recuperar la confianza de Uri para que me perdone y me deje formar parte de la vida de mi hija. Es una tarea difícil, ya que a él le he hecho daño y por mi culpa ha estado cargando sólo con el peso de la responsabilidad de ser padre, con el dolor de haber sido abandonado. 
    Ojalá existiera una ruedecilla que manejara el tiempo, girarla hacia atrás y que todo volviera a empezar. No dejaría que nada de esto volviera a ocurrir. 
    Siento que las fuerzas de seguir intentándolo se me están agotando, pero esta vez no me rendiré, esta vez no dejaré que la fragilidad, el miedo y el dolor me venzan. Esta vez seguiré luchando hasta el final.  



Daniela lee la carta diario que acaba de escribir. Necesitaba plasmar lo que sentía y pensaba sobre un papel, necesitaba soltarlo. Dobla el folio y lo mete en un sobre y lo esconde debajo de la almohada. Se acerca a la cómoda y se mira al espejo. 
    -Tengo que recuperar a mi hija. 
Pero lo cierto es que no tiene ni idea de cómo hacerlo. Podría ponerse en manos de la justicia para reclamar la custodia de Leila, pero su corazón le decía que eso era cruel e injusto para Uri. Él no merecía eso. Así que, lo único que le quedaba era ganarse la confianza de aquel hombre tan atractivo y el amor incondicional de una niña tan especial.


    -Ya no quiero más hamburguesa... 
Dice Lía dejando el tenedor sobre el plato y poniendo cara de cachorrillo.  
    -Mira que te lo hemos dicho; no te comas todas las galletas que luego no cenarías. Ahora, ¿qué hacemos con el trozo de hamburguesa que no te quieres comer?  
    -¡Me lo como yo!  
Jorge levanta la mano.
    -Está bien, pero no os acostumbréis a esto, ¿eh?  
Dice Dani cogiendo el plato de Lía y pasando el trozo de carne al de Jorge. 
Hoy estamos pasando una tarde noche en familia. La verdad es que nos ha venido a todos de maravilla; Dani está más animado y menos irritado, Jorge parece haber recuperado algo de alegría con la compañía de su hermana y un hambiente familiar (o al menos esa es mi impresión), y Lía está encantada con tener a tres mayores dispuestos a cuidarla y jugar con ella. A mí me ha encantado la tarde en familia, creo que a los cuatro no nos importará repetir momentos así muchas más veces. 
    -Mami, ¿me pones más zumo?  
Dice Lía cogiendo su vaso rosa de princesas. 
    -Yo también quiero.  
Añade Jorge.  
    -¡Y yo!  
Grita Dani parodiando la voz de un niño. 
Los pequeños se ríen. 
    -Tú agua papi.  
Le responde Lía riéndose.  
    -¿Por qué? 
Pregunta él haciendo pucheros. Pero a Lía le da igual, se sigue riendo.  
    -Porque tú ya te has bebido dos vasos más grandes que los de nosotros y has bebido mucho. Tienes que dejar zumo para los demás.  
    -Ahora vas y lo comentas. 
Le digo riéndome. 
Dani mira a Lía como si a ésta le hubieran salido tres cabezas. La verdad es que para ser una niña de tres años, razonaba mejor que una de quince en dadas ocasiones. 
Dani sonríe. 
    -Bueno, vale.  
Les echo el zumo a los dos. Dani y yo intercambiamos miradas que dicen poco; como mucho que deberíamos empezar a recoger e ir fregando los cacharros.  
    -Bueno, terminaos el zumo, mientras tanto mamá y yo iremos recogiéndolo todo.  Jorge, cuando termines trae todo a la cocina, ¿vale? 
    -Vale. 
Dani y yo nos levantamos, empezamos a recoger la mesa y vamos a la cocina a fregar y a limpiar un poco. Un trabajo en equipo para terminar antes. 
    -Bueno... -Digo mientras empiezo a fregar los platos-. ¿Qué tal te lo has pasado...?  
    -Muy bien, y no he sido el único por lo que veo.  
Dice él mientras se pone a limpiar la vitro.  
Sonrío. 
    -Hemos disfrutado los cuatro. Me da a mí que más días así nos vendrían muy bien, ¿no crees?
    -Cierto.  
    -Pues cuando queráis, ya sabéis donde encontrarnos.  
Sonrío.  
    -Gracias Anna. 
Nos quedamos en silencio mientras arreglamos la cocina, cuando Lía y Jorge entran. 
    -Mami, papi, dice Jorge que si nos podemos quedar a dormir esta noche aquí.  
Lía me coge del pantalón para que le haga caso. Dani y yo miramos a Jorge que agacha la cabeza avergonzado. 
    -Mi amor, otro día, ¿vale? No tengo pijama aquí. 
Lía agacha la cabeza visiblemente decepcionada.  
Me agacho y le acaricio la cara. 
    -Si lo hubiéramos planeado antes, vale, pero ahora es tarde mi vida. Otro día nos quedamos a dormir aquí, ¿vale? Si a papá le parece bien, claro. 
Miro a Dani buscando su aprobación. 
Dani nos mira, luego mira a Jorge y luego vuelve a mirarnos a nosotras, se ruboriza ligeramente.   
    -Esto... os podéis quedar a dormir esta noche sin ningún problema... Ropa de Lía hay en su armario y aún hay algo de ropa tuya en el trastero... así que... os podéis quedar...  
Ahora es cuando yo también me uno al club de los ruborizados.
Lía da grititos y saltos de alegría. 
    -Venga Lía, vamos a lavarnos los dientes, ¡Vamos!  
Jorge coge de la mano a su hermana y se la lleva corriendo al baño. 
Dani y yo somos incapaces de mirarnos a la cara. 
    -¿Queda ropa mía...?  
    -S-sí... a lo mejor te queda un poco grande, era de cuando estabas embarazada...  
    -Ah...  
Más tenso esto no puede estar. 
    -El problema es la ropa interior... 
Me siento morir cuando digo esto último. 
Él carraspea, es obvio que se siente incómodo. 
    -Aún queda algo...
Me río. 
    -Pues qué suerte.  
Dios mío mátame.  
    -Voy a buscar la ropa.  
Dice rápido y sale de la cocina echando leches. 
Suelto todo el aire contenido por la boca y me río sola. 


    -¿Con quién has dejado a la niña?  
    -Con una amiga suya de clase, como era su cumpleaños y la han invitado, pues aprovecha, y se queda a dormir en su casa. 
    -Bien, así esta noche podrás disfrutar.  
    -Sí.  
Uri y Diego entran en el local de siempre, se sientan en el sitio de siempre y se piden lo de siempre.  
    -¿Crees que estará esa chica que tanto te gusta?  
    -Cállate.  
Diego se ríe. 
    -Te has puesto rojo, esa bailarina te gusta.  
Se ríe.  
    -Venga, te animo a que esta noche la invites a una copa.  
    -No no.  
    -¿No? Es sólo una copa.  
    -Pero a lo mejor a ella no le apetece... 
    -O sea, que a ti sí que te apetece.  
    -Pero tío... vete a la mierda. 
Los dos se ríen.  
    -Invítala.  
    -Ya veremos. 
    -Debes invitarla. 
    -Dejemos el tema. 
    -Invítala. 
    -Cállate.


Dani, Jorge, Lía y yo estamos en el sofá viendo todos juntos Tu cara me suena.  Dani me da un toque en el brazo, le miro y él me señala a LÍa que se está durmiendo. Los dos sonreímos. No está acostumbrada a quedarse despierta hasta tan tarde. 
    -Voy a acostarla. -Susurro.  
    -¿Quieres que lo haga yo? -Susurra él. 
    -Tranquilo. 
Me levanto despacio, me acerco a ella y con cuidado la cojo en brazos. Me la llevo a la habitación, la tumbo en la cama y la empiezo a arropar, ella abre los ojos. 
    -Mami...  
    -Dime mi amor.  
    -¿Y papi? 
    -En el salón viendo la tele. 
    -¿Y Jorge?  
    -Con papá.  
    -¿Y dónde están mis besitos de buenas noches?  
Me río y ella también se ríe.  
    -¿Quieres que te den el besito de buenas noches?
    -Sí. -Sonríe.  
    -Vale, ahora les llamo.
Estoy dispuesta a salir de la habitación, pero ella se destapa y se baja de la cama. 
    -No mami, vamos las dos. 
Me coge de la mano y salimos de nuevo al salón.  
    -A ver chicos, que Lía dice que no se va a dormir hasta que no le deis los besos de buenas noches. 
Dani y Jorge nos miran. Lía se suelta de mi mano y corre hacia su padre. Él derretido coge a su pequeña en brazos y la llena de besos. 
    -Buenas noches papi. 
    -Buenas noches princesa. -La deja en el suelo. 
Ella se acerca a su hermano mayor. Lo abraza. Él está algo confuso, pero le devuelve el abrazo. 
    -Buenas noches Jorge. 
    -Buenas noches Lía.
Se nota que Jorge quiere a su hermana y que este ambiente familiar le viene muy bien para superar el dolor de la muerte de su madre, pero hay aspectos que aún le vienen... ¿cómo decirlo? ¿Grandes? Pero confío en que poco a poco se le vaya abriendo.  
Lía corre hacia mí y me vuelve a coger de la mano. La llevo a la habitación y otra vez repito el proceso de arroparla. Ella me mira.  
    -Mami... 
    -Dime princesa.  
    -¿Nos vamos a venir a vivir aquí?  
    -¿Cómo?  
    -¿Vamos a vivir aquí con papi y con Jorge?  
    -Tú de vez en cuando sí. -Le acaricio el pelo.  
    -¿Y tú?  
    -No mi amor, yo no... 
    -¿Por qué?  
    -¿Tú no tenías sueño?  
    -Un poco. 
    -Pues entonces a dormir, que ya es muy tarde. 
    -Vale mami.  Buenas noches. 
Le doy un beso en la frente. 
    -Hasta mañana cariño. 
Apago la luz, cuando estoy cruzando la puerta de la habitación ella vuelve a llamarme: 
    -Mami...  
Me doy la vuelta. 
    -Dime princesa. 
    -Estoy muy contenta.  
Creo que sonríe.   Supongo que sé el porqué, pero la curiosidad me puede. 
    -¿Por qué mi vida?
    -Porque estamos todos juntos... 

domingo, 20 de septiembre de 2015

Capítulo 2.18: Almas dolidas.

Para el coche delante de la entrada. Mira a su hijo que observa al infinito abstraído en sus tristes pensamientos. Le acaricia el hombro. 
    -Verás como esto te ayudará...
Jorge levanta la vista hacia su padre. 
    -¿Hará que mamá vuelva?  
Dani niega con la cabeza. 
    -No... 
    -Pues entonces no me va a ayudar en nada. 
Jorge se desabrocha el cinturón y sale del coche. Dani hace lo mismo y juntos entran en el edificio.  


Las dos nos dejamos caer sobre el banco del parque. Estamos reventadas, acabamos de correr nuestros seis kilómetros del tirón. 
    -Dios...  
    -Joder... 
    -Veintiún días...  
    -Veintiún días... 
    -Somos las putas amas... 
    -Sí... 
Las dos nos miramos y nos reímos. 
    -¿Objetivo conseguido?
    -Objetivo conseguido. 
Nos chocamos la mano. 
    -Somos las putas amas... 
    -Eso ya lo has dicho... 
    -Ya, pero es que es verdad... como cuando dos más dos son cuatro... 
    -Entiendo... 
    -Gracias... 
    -¿Eh? ¿Por qué? 
Miro a Brenda extrañada por su repentino agradecimiento. 
    -Por obligarme a correr... 
Sonrío y me río. 
    -¿Y por eso me das las gracias? Pero si mírate, estás hecha una pena. -Sigo riéndome. 
Ella también se ríe.  
    -Tienes razón... te odio... 
Las dos miramos al cielo a la vez mientras relajamos la respiración. 
No sé cuánto tiempo estamos así. Brenda interrumpe el hilo de mis inútiles pensamientos. 
    -¿Me vas a contar qué es lo que te pasa? 
La miro intentando fingir que no sé de qué me está hablando.  
    -Qué dices...  
Ella me está mirando fijamente. Niega con la cabeza. 
    -Está claro que algo te pasa, estás distinta estas últimas semanas... 
    -¿Por qué lo dices? No será porque me ha dado por correr y te he arrastrado conmigo. 
Sonrío intentando parecer despreocupada. 
    -Si no me lo quieres contar no me lo cuentes, pero no finjas que no te pasa nada porque es que todos lo notamos Anna. 
Alzo la vista otra vez hacia el inalcanzable cielo. 
    -Sabes que si me pasara algo ya lo sabríais... 
    -¿Sabes? No me convencen en absoluto tus palabras, pero dejaré de insistir. Ya verás tú el momento adecuado para soltarlo, pero antes de hacer como si esta conversación no hubiera tenido lugar, prométeme que tú estás bien.
Y yo, como una buena persona, mujer y amiga, la miro a los ojos, la cojo de la mano, se la aprieto y le aseguro que estoy perfectamente. 
Después de ducharme y vestirme, salgo de casa para ir a recoger a Lía que está en casa de Uri jugando con Leila. Cuando llego me las encuentro dibujando en el salón, así que voy a la cocina a hablar con Uri que él sí que lleva raro estos últimos meses... La verdad es que hemos hablado poco de nuestras cosas y me siento fatal por no hacerlo porque siento que lo que nos unía antes, se está desvaneciendo. Ahora lo que más nos une son las niñas y... no... 
    -Hola.  
Me siento delante de él. Me lo encuentro concentrado delante del ordenador.  
    -¿Qué haces?  
    -Hola, nada, estoy mirando cosas por internet...  
    -Mmm... las niñas están en el salón dibujando. ¿Cómo se ha portado Lía?  
    -Bien, ya sabes, son buenas chicas.  
    -Oye Uri, ¿estás bien?  
Levanta la vista del ordenador y me mira. 
    -¿Cómo? 
    -Que si estás bien.
    -¿Por qué lo preguntas?  
    -Estás como apagado. 
Él se me queda mirando durante unos segundos pensándose la respuesta. Suspira. 
    -Hay algo... 
    -¿Cómo algo?
    -Alguien... 
Sonrío. 
    -¿Has conocido a alguien?  
    -No, ya la conocía...  
    -Ah, pues no sé, una antigua amiga, ex, compañera... 
    -Amante, novia, madre de mi hija... 
Me quedo con la boca literalmente abierta. 
    -¿Daniela...?  
    -La misma que viste y calza. 
    -Pero... ¿cuándo...? 
    -Hace ya unos pocos meses... 
    -¿Y cuándo pensabas contármelo?  
    -No lo sé, ahora mismo contártelo no estaba en la lista de las diez cosas que me quitan el sueño. 
    -Bueno, vale, tampoco es para ponerse así...  
Él se levanta de la silla y empieza a caminar por la cocina de un lado para otro. 
    -Ahora, después de cuatro años vuelve para ejercer de madre, ¿te lo puedes creer?  
    -Bueno, tú le has ido mandando fotos de la niña para que no se olvidara de ella, ¿no era eso lo que querías? 
    -Ahora que está aquí, no lo sé, no sé si era eso lo que quería...  
    -Pero, ¿ha visto a Leila? ¿Leila la conoce?  
    -Sí, la niña la adora. 
    -Entiendo que la niña no sabe que es su madre.  
    -No, pero le encantaría.  
    -Pregúntale. 
    -No.
Me levanto y me pongo delante de él. Le miro seriamente. 
    -¿Qué te ocurre?  
Él parpadea un par de veces. En lo que me quiero dar cuenta descubro ante a mí a un hombre profundamente dolido.  
    -Me abandonó, y lo que es más doloroso aún, es que abandonó a nuestra hija que no tenía culpa de nada... y ahora vuelve, con regalos y sonrisas como si nada hubiera pasado... y eso duele... duele mucho. 
Se tapa la cara con ambas manos para intentar detener en vano las lágrimas. 
No sé qué decirle, está pasando por una situación demasiado complicada. Le abrazo. 
    -Lo siento... 
En silencio empiezo a llorar yo también.
Él me corresponde al abrazo abrazándome más fuerte. Me duele descubrir que me necesitaba y yo no estaba. 
    -Lo siento mucho... -Le digo. 
Se separa de mí y me mira. 
    -¿Por qué? -Me acaricia la cara para secarme las lágrimas. 
    -No he estado ahí para apoyarte.
    -Tranquila, los dos tenemos vidas muy ocupadas...  
Le cojo de las dos manos y le miro a los ojos. 
    -Que sepas que me tienes aquí para lo que necesites, que te apoyaré en todo lo que esté en mi mano para que seáis felices, tú y la niña.  
Él sonríe. 
    -Muchas gracias.  
    -Se me ocurre una idea, ¿por qué no llamo a Brenda, que se quede cuidando a las niñas y tú y yo nos vamos a cenar y luego a emborracharnos hasta perder el sentido? 


    -Jorge, ¿puedes esperarme un momento fuera? 
    -Sí papá.  
Se sienta en una de las sillas del pasillo. Dani entra en el aula y mira a la psicóloga que lo va a ayudar a superar con el duelo del la muerte de su madre.
El niño mira de un lado a otro fijándose más en los detalles del lugar y de las personas que pasan por allí. Se pregunta si toda esa gente también está tan triste como él. Mueve la cabeza y ve que una chica lo está observando. Agacha la cabeza y se mira los pies. No le gusta que le miren, le molesta.  
    -Jorge, nos vamos.   
Él se levanta y va detrás de su padre por los pasillos. Se mete las manos en los bolsillos y mira al suelo.  
    -¿Dani...?  
Los dos miran hacia la persona que le ha llamado. 
    -Hola... 
Dani mira a la chica, sabe quien es, la ha visto antes, pero por el momento no es capaz de situarla en cuándo ni dónde. 
Ella se percata de que no la reconoce y agacha la cabeza avergonzada por el atrevimiento. 
Jorge no la conoce, pero sabe que es la que hace unos minutos le estaba observando.  
    -Disculpa... 
La muchacha se echa para atrás y gira sobre sus talones mientras el rostro se le tiñe de escarlata. Entonces, Dani la reconoce. 
    -Espera, tú eres aquella chica que estaba en el hospital, ¿no? Desayunando...  
A ella se le ilumina la cara, vuelve a girarse sobre sus talones e intenta reprimir a la fuerza la sonrisa bobalicona estampada en la cara. 
    -Sí... 
Dani no es ajeno al entusiasmo repentino de la chica y sonríe. Se acerca a la chica y le da dos besos. Mira a su hijo. 
    -Mira Jorge, te presento a... -la mira- lo siento, me acuerdo de ti, pero no de tu nombre.  
    -Elvira.  
Ahora mismo a ella le da igual que se acuerde de su nombre o no, ya es demasiado que la recuerde y por ello ahora mismo está absolutamente feliz.  
    -Jorge, Elvira. Elvira, Jorge, mi hijo mayor...  
Ella se acerca al niño y le tiende la mano. 
    -Encantada. 
Él le estrecha la mano, pero no dice nada. No le apetece decir nada.
    -¿Has empezado a ir a terapia?
Le pregunta Dani con verdadero interés. Recordaba que aquella niña estaba en una situación complicada, que había perdido a su hermana pequeña y a su madre de la manera más cruel que se puede perder a alguien y que ella quiso irse con ellas también.  
La chica se toca el pelo y asiente con la cabeza. 
    -Sí...  
Dani siente lástima por ella, se la ve frágil y débil. 
    -¿Y cómo estás? 
Le pone una mano en el hombro. 
Ella sorprendida por ese gesto lo mira con los ojos bien abiertos y luego desvía la mirada. 
    -Es difícil... 
Cierra los ojos. 
    -Papá, ¿podemos irnos? 
Jorge quiere salir de allí cuanto antes, quiere llegar a casa, encerrarse en su habitación y ponerse a jugar con la PSP para distraerse un poco. 
    -Sí claro. -Mira a la chica y le acaricia el pelo en señal de apoyo-. Me alegro de verte. 
Ella asiente con la cabeza y susurra algo parecido a un *Yo también*, pero no se le oye ya que un grupo de gente pasa por su lado hablando a voces.  
Dani coge a su hijo del hombro y se van hacia el coche bajo la atenta mirada de Elvira, que agradece al destino el haberle regalado aquel momento tan maravilloso como aquel.  


Salimos del restaurante donde hemos cenado maravillosamente bien.
    -¿Te ha gustado la cena?
Uri pasa el brazo por mi hombro y me atrae hacia él. 
Sonrío. 
    -Estaba riquísima. ¿Has visto como la camarera intentaba ligar contigo? -Me río-. Y tú ahí, sin prestarle la más mínima atención. Pobrecita.  
    -Sí le he hecho caso...
Me río. 
    -Hombre, decirle *Trae otra botella de vino blanco por favor*... 
Los dos rompemos a reír. 
    -Anda que... 
Seguimos caminando hasta que me paro en seco delante de una fuente con luces de colores. Me siento en un banco y Uri se sienta a mi lado. Me coge de la mano y me la aprieta. 
    -Ey... ¿qué te ocurre...?  
Cierro los ojos. 
    -Aquí fue donde Dani me pidió matrimonio aquella noche... 
Uri suspira.  
    -La última noche que pasamos los cuatro juntos... 
    -Bueno, tampoco fue así... nos fuimos a cenar cada uno a un lugar... y luego... discutí con Daniela... y...  
No puedo reprimir las ganas de llorar, así que dejo que las lágrimas se suiciden colectivamente por mi rostro. 
    -Ya... apartir de aquella noche todo cambió...  
    -Todo...
Oigo más que veo que Uri también está llorando en silencio.  
    -¿Por qué...? 
Pregunta con la voz quebrada.  
    -No lo sé... 
Ambos nos apretamos la mano fuerte. Nos quedamos un rato en silencio con nuestras lágrimas suicidas.  
    -La quieres... a Daniela... la sigues queriendo... por eso te duele tanto...  
Él se queda callado, recibo un apretón de mano como respuesta.  
    -Eso es que sí. 
Otro apretón de mano.  
    -Eso es que sí. -Digo más para mí que para él. 
Seguimos en silencio. 
    -¿Y tú...?
    -Qué. 
    -A Dani...  
    -No entiendo, ¿qué pasa con él? 
Le miro y él me mira. 
    -¿Le sigues queriendo? 
Pienso mucho la respuesta; le digo la verdad o le digo que ya no, no sé...  
    -Me acosté con él. 
    -¡¿QUÉ?!  
    -Hace tres semanas, después del funeral de Helena.  
    -No. -Dice incrédulo. 
    -Sí. 
    -No puede ser. 
    -En su cama. 
    -¡¿En la de Helena?!  
    -Sí. 
    -Joder...  
    -Sí.  
    -Pero si él está con Johanne.  
    -Sí. 
    -¡Deja de decir sí todo el rato!  
Dice exasperado.  
    -¿Y qué más quieres que diga?
    -Joder...  
    -S... bueno... 
Y por una razón desconocida empiezo a reírme a carcajadas y no puedo parar.
    -Pero... 
Y él también empieza a reírse. Así nos tiramos otro rato hasta que nos relajamos.  Vaya par de bipolares estamos hechos. Nos quedamos en silencio mirando hacia la fuente que cambia de colores cada dos por tres. 
    -Johanne es una cornuda.  
Dice Uri pensativo.  
    -Ajá. 
    -¿Sólo ha ocurrido una vez?
    -Sí. 
    -¿Habéis hablado del tema?  
    -No, él está muy liado ahora con su hijo y en el trabajo creo que nos evitamos mutuamente.  
    -¿Te arrepientes de haberlo hecho? 
Sonrío y le miro. 
    -Que se arrepienta él.  
Uri me mira desconcertado.  
    -¿Repetirías...? 
Me encojo de hombros. 
    -Si se da la ocasión... 
    -Le quieres...  
    -Nunca dejé de hacerlo.  
Uri se cruza de brazos. 
    -O sea, que los dos estamos enamorados de dos personas que nos han hecho mucho daño cada una a su manera, ¿no?  
    -Así resumido... sí.  
Sonrío. Los dos miramos otra vez hacia la fuente. 
    -¿Y qué piensas hacer?
Miro a Uri que me mira con curiosidad. Le sonrío y pregunto: 
    -¿Y tú? ¿Qué piensas hacer tú?