lunes, 10 de agosto de 2015

Capítulo 2.16: Tentación

¡AVISO! Este relato es completamente ficticio, aunque salgan nombres de personajes reales. 


Baja del coche, se acerca a la puerta y toca el timbre. Una mujer peliroja teñida abre la puerta. Sus ojos delatan que ha estado llorando hasta hace muy poco.  
    -Carla... 
    -Dani... -Dice con la voz quebrada. 
Él se acerca a ella y la abraza. Deja que llore, lo necesita. 
Pasa un rato, Dani y Carla están sentados en el sofá. Están en lo que hasta hace apenas dos horas, era la casa de Helena.  
    -¿Cómo ha sido...? 
    -Sobredosis de insulina... 
Él se lleva las manos a la cabeza. No entiende nada.  
    -Pero, ¿por qué...?  
    -Llevaba tiempo deprimida; tenía problemas en el trabajo, tampoco se llevaba muy bien con su familia y hace semanas el hombre con el que se veía la dejó por otra más joven con la excusa de que no estaba preparado para ser padre... No le estaban yendo las cosas bien, pero... para llegar a esto...  -De nuevo necesita llorar-, no creía que fuera capaz de hacerlo... ni siquiera mostró indicios de querer hacerlo... se la veía fuerte... dispuesta a luchar por su hijo...  
Dani la atrae hacia si y deja que ella apoye la cabeza sobre su hombro, le va acariciando el brazo. Conocía a Carla, era la mejor amiga de Helena, habían coincidido en varias ocasiones y siempre habían contado con ella cuando la necesitaban con asuntos del niño.  
    -¿Y Jorge...? 
    -Está en casa con mis hijos y mi marido... Helena lo trajo ayer por la tarde. Los niños se llevan bien y de vez en cuando viene a dormir...  Esta vez fue ella, la que tuvo la idea de dejar a Jorge en casa... Dios mío, lo tenía todo planeado desdel principio... 
Se lleva las manos a la cara y las preguntas de momento han terminado.  


Dani entra en la habitación donde está durmiendo Jorge. Son las ocho de la mañana. Ha intentado dejarle dormir lo máximo posible porque no tiene ni idea de como afrontar el hecho de que debe ser él quien le dé la noticia de que ya no va a volver a ver más a su madre con vida. 
Se sienta en el borde de la cama, lo mira y le acaricia el pelo. Cada vez lo ve más grande, más mayor.  
Jorge se mueve, las caricias le están sacando de los confortables brazos de Morfeo.  Abre los ojos y se sorprende al ver a su padre. 
    -Papá... -Se incorpora-. ¿Qué pasa...? 
Aún no está despierto del todo.  
    -Hijo... 


    -Entonces, la mamá de Jorge, ¿se ha ido al cielo? 
    -Sí cariño. 
    -¿Por qué? 
    -Porque todo el mundo acaba yendo allí si es bueno... 
Lía la mira sin saber si lo ha entendido bien o no. 
    -¿Y podrá bajar para cuidar de Jorge como tú me cuidas a mí? 
    -No mi amor, cuando uno se va al cielo, no vuelve.
    -¿Y ahora Jorge va a vivir solo?  
    -No cariño. 
Anna le acaricia el pelo.  
    -Ah. ¿Y con quién va a vivir Jorge? 
    -Pues no lo sé mi amor, puede que con papá.  
    -¿Con papá? 
    -Sí amor. 
    -Entonces... ¿tendré que dejarle mis muñecas a Jorge para jugar?
Anna sonríe. 
    -Supongo que sí, pero no creo que él tenga problemas para encontrar otros juguetes... Lo que sí que quiero que hagas es una cosa princesa, tienes que hacer una cosa por mí, por papá y por Jorge. 
Ella la mira sin entender apenas. 
Anna la coge en brazos. 
    -Mi amor, ahora Jorge va a estar muy muy triste, porque claro, su mamá se ha ido muy lejos y no va a volver, así que, cuando le veas, tienes que darle un abrazo muy muy fuerte y ser buena con él, y con papá también, ¿vale?
Ella asiente con la cabeza. 
    -¿Vale? 
    -Vale mami, me portaré bien. 
Sonríe.  
Anna también sonríe, le da un beso en la cabeza y la vuelve a sentar en su sitio.  
    -Venga mi vida, termínate el yogur y luego te dejo en el sofá viendo los dibujos.
La niña coge la cuchara. Anna va a salir de la cocina. 
    -Mami... 
Se da la vuelta y ve que su hija la mira seria. 
    -¿Qué pasa? Te lo tienes que terminar todo.  
    -Vale. Yo lo que no quiero es que papá y tú os vayáis al cielo... No quiero que me dejéis sola... 
Las palabras de la niña la conmueven muchísimo, se agacha junto a ella y le acaricia la mejilla. 
    -Papá y yo no te vamos a dejar sola mi amor, vamos a estar contigo hasta que seas muy muy mayor.  
    -¿Y por qué no para siempre? Quedaos conmigo para siempre. 
    -Bueno, tú termina de desayunar. 


    -Joder Dani que estoy mal, ¿no tienes nada que decirme? 
Él suspira. Ahora mismo no está para animar a nadie.  
    -Lo siento Johanne, pero es que justo no me pillas en un buen momento... 
    -¡Joder Dani yo tampoco estoy en un buen momento! ¡Acabo de renunciar a una campaña que me iba a elevar a lo más alto en mi carrera! 
Empieza a llorar. 
    -Johanne, Helena ha muerto, estoy con los preparativos del funeral, los papeles del seguro y del banco, e intentando que mi hijo lo lleve lo mejor que pueda. Como comprenderás, ahora no puedo ocuparme de ti y tus problemas... 
    -Mira Dani, mejor dejémoslo, que vaya bien todo. -Cuelga. 
Dani tira el smartphone a la cama. Se sienta y se lleva las manos a la cabeza, se acaricia el pelo. Está teniendo un día de mierda y no tiene a nadie con quien desahogarse porque no cree que nadie quiera escuchar sus problemas. Siempre ha sido muy de sufrir en silencio.  Además, ahora tiene que cuidar de Jorge, un hijo al que ve muy de vez en cuando, bueno, veía, ahora será él quien cuide del chico, ya que sus abuelos y sus tíos no muestran el mínimo interés por él. No le molesta tener que hacerse cargo del chiquillo, pero sí que su familia no le haya aceptado como a uno más. Si no hubiera sido por Helena y sus amigas... Empieza a dar puñetazos sobre el colchón, él tampoco ha sabido ser un buen padre, bueno, mal padre no ha sido, pero podría haber hecho mucho más por ese niño, al fin y al cabo también es suyo, como Lía, pero desde que nació ella él ha querido siempre estar con ella, cosa que con Jorge... económicamente no le ha faltado de nada n a él ni a la madre, pero para que pasaran un día juntos padre e hijo... A partir de ahora todo va a cambiar, se promete a si mismo que va a ser un buen padre para Jorge.  


No hay mucha gente en la misa de despedida de Helena, nunca fue una mujer que tuviera muchos amigos. Siempre volcada en el trabajo y en educar a su hijo, apenas tenía tiempo para relacionarse con otras personas.
Dani le acaricia el hombro a Jorge, que está muy callado desde ayer por la mañana cuando se enteró de la noticia. Recorre con la mirada a los presentes en la capilla. Anna que está seria junto a Uri y Nico, Carla con su marido y dos parejas más que supone que también eran amigos de Helena, sus padres y hermanas, y supone que el resto de gente son vecinos y conocidos a los que no es capaz de ponerles nombre. Lo triste es que sospecha que la gran mayoría están ahí por cortesía y no porque lo sientan de verdad. 
Cuando la misa termina, todo el mundo se acerca a la familia para darles el pésame, Dani los mira con asco, esa gente no merece estar aquí. Sólo unos pocos se acercan a Jorge y le acarician el pelo y la barbilla para consolarle, la realidad es que eso de consuelo no tiene nada, pero ni él ni el padre dicen nada.  
Anna, Nico y Uri se acercan a ellos. 
    -Lo siento mucho Dani.
Uri le da unas palmaditas suaves en el hombro. Luego mira al niño y también le acaricia el pelo. 
    -Me tenéis aquí para lo que necesitéis, ya sabes amigo. 
Dani sabe que éste lo dice de conrazón y le corresponde con una débil sonrisa. 
    -Gracias.  
Nico se acerca a él, lo abraza, es el único que no ha reprimido las lágrimas. A Dani le resulta irónico porque de todos los presentes allí, Nico es la única persona que nunca ha coincidido con Helena. Pero sabe que Nico no es de lágrimas de cocodrilo, sino que es demasiado empático y sensible. 
    -Si me necesitáis para algo, ya sabes donde encontrarme, ¿eh Dani?  De verdad, aquí me tenéis para lo que queráis.  
Dani le pone la mano sobre el hombro y se lo acaricia. 
    -Muchas gracias Nico, lo tendré en cuenta. 
Él asiente y mira a Jorge. 
    -Mucho ánimo pequeño, ahora tienes que ser fuerte, no olvides que la gente nunca se va del todo si los que estamos aquí no les olvidamos... 
Jorge mira a ese señor al que no conoce, pero le cae bien enseguida.  
    -Gracias...  
Nico le sonríe y se aleja junto a Uri. 
Anna les mira. 
    -Lo siento, ya sabes que me tenéis aquí para todo.  
    -Lo sé Annita, muchas gracias.  
    -Flo y el resto del equipo también dicen lo mismo. Nos tienes a todos para lo que quieras. Ya sabes, somos una familia y como tal nos debemos a ti y a tus necesidades, si estás triste, nosotros también. 
    -Lo sé Anna. ¿Lía cómo está?  
    -Mejor, la he dejado con Brenda en casa.  
Mira a Jorge y se agacha frente a él.  
    -Cielo, ya sabes que aquí me tienes para lo que quieras, ¿vale? -Le acaricia la mejilla. 
Jorge asiente con la cabeza.  
    -¿Quieres venir a casa y dormir allí? Lía está allí y quiere verte.  ¿Te apetece?  
Jorge asiente.
    -Vale.
    -¿Sí?
    -¿Quieres venirte? ¿Te quieres quedar a dormir? 
    -Vale.  
Ella sonríe y mira a Dani para buscar su aprobación.  
    -Claro. Vamos a salir de aquí. 
Los tres salen de la capilla, se reúnen con todos fuera y van al aparcamiento. 
    -Jorge hijo, ¿te importa ir en el coche de Uri a casa de Anna? Yo ahora tengo unos recados que hacer. 
    -Vale papá. 
Dani se agacha junto a él y lo abraza. Le da varios besos en la cabeza.
    -Te quiero... 
Lo mira y le acaricia la cara. 
El niño asiente y sonríe. 
    -Yo también te quiero papá.  
    -Pórtate bien. 
Jorge sube a la parte de atrás del coche.  
Uri, Dani, Nico y Anna se miran.  
    -Tengo que ir a casa de Helena a por las cosas del chico...
Agacha la cabeza. 
    -Dani, ¿quieres que te acompañe? -Pregunta Anna.
    -Pues... si no te importa... vale. 


La casa de Helena está muy ordenada, todo muy bien colocado. Gracias a ello a Dani no le cuesta nada coger las cosas del niño. Anna le ayuda en todo lo que necesita. Ambos se encuentran en el dormitorio del crío. Anna va sacando la ropa del armario y le consulta. 
    -¿Esta camiseta?  
    -Sí, esa le gusta... 
Dani está ausente. Contempla el dormitorio de su hijo. Le da pena que esa estancia deje de serlo. 
    -Voy a llamar a Carla para que me diga cuales son los cuadernos del colegio. 
    -De acuerdo. Creo que ya he metido suficiente ropa en la maleta...  
    -Vale... ve a por el cepillo de dientes y mete la maleta en el maletero y espera fuera, enseguida salgo... 
    -De acuerdo. 
Antes de salir, ella le mira por última vez y sabe que lo que quiere es estar solo. La muerte de Helena le afecta más de lo que todos creen. Agacha la cabeza por la impotencia de no poder hacer más por él. 


Dani lleva ahí dentro más de lo necesario. Llevo como diez minutos debatiendo conmigo misma si debo o no debo entrar a ver qué pasa, pero al final salgo del coche. Despacio entro a la casa. Camino con sigilo por todas partes hasta encontrarle en la que supongo que era la habitación de Helena. 
Lo que veo me desgarra el alma; Dani sentado en el suelo apoyado en los pies de la cama con los brazos rodeando sus rodillas mirando al infinito. 
Me acerco lentamente a él. Si se da cuenta de que estoy ahí no se inmuta ni un poco. Me siento a su lado despacio y me pongo en la misma posición que él. 
Al principio no digo nada, pero al ver que el tiempo pasa y él sigue sin moverse, opto por romper el hielo. 
    -Está anocheciendo...  
Él mueve un poco la cabeza y me mira, luego vuelve a ponerse como antes.
Joder. Cierro los ojos en busca de ayuda divina. 
    -¿Estás bien...?  
Tarda veinte segundos en responder: 
    -He encontrado una nota...  
Abro los ojos como platos. No sé si debería preguntarle o dejar que siga hablando. No sé cómo llevar esta situación. Pero a veces a Dios le da por hacer acto de presencia y actúa, Dani sigue hablando. 
    -Tenía esto pensado desde hace ya tiempo... 
Coge la nota que está al otro lado, por eso yo no la había visto antes, me la tiende. 
No sé si debería, pero la cojo e intento leer. Como he dicho antes, está anocheciendo y la luz natural que entra por la ventana no es suficiente. Debería levantarme para encender la luz de la habitación, pero me da a mí que si lo hago rompo el curso de las cosas, así que no lo hago. 
    -En la nota dice: 
    Seguramente nadie entienda el porqué de lo que he hecho, seguramente estéis enfadados conmigo. Lo comprendo. 
Para empezar me gustaría disculparme con todos los que me queréis, sobre todo contigo Jorge, que sepas que tú no tienes la culpa de la decisión que ha tomado mamá, quiero que sepas que es por ti por quien he aguantado tantos años, que ha sido por ti por lo que he intentado luchar contra mis sombras y mis demonios... lamento decirte hijo, que he perdido. A mis amigos y a ti Dani, sólo dar las gracias por haber estado conmigo todo este tiempo, por haberme ayudado en todo lo que he necesitado. Seguramente si no me hubiera avergonzado de mí, me habríais ayudado a luchar contra mis sobras y demonios, y no habría pasado esto. Pero por favor, no os paréis a pensar en eso, nos os reprochéis el no haber hecho algo más por mí, porque lo pienso y creo que no podríais haber conseguido nada que no fuera frustración y decepción con vosotros mismos por no poderme ayudar más de lo que estaba en vuestra mano. 
Creo que acabo de decir algo incoherente, pero me niego a romper esta nota y empezar a escribir otra, sería una estupidez por mi parte y la verdad es que no tengo fuerzas para más. Ahora sólo hago que dejarme llevar por lo que siento e ignoro a la razón. Pero por favor, no os sintáis culpables por nada, aquí, la única culpable soy yo. Espero que algún día, me podáis perdonar. 
Ahora cuando termine de escribir esta carta de despedida, te voy a llamar por última vez pequeño, pues antes de dejar este mundo, necesito oír tu voz. Sé que vas a estar bien con papá, sé que vas a ser un buen chico con tu hermanita y que sacarás buenas notas. Sé que cuando seas mayor harás grandes cosas. Adiós mi niño. 
Cuidaos mucho todos, yo os estaré protegiendo y arropando desde el cielo. 


Me he quedado sin palabras. Ha recitado la carta de memoria, ¿cuántas veces la habrá leído y repetido en su cabeza?  Joder. Es que no sé qué decir ahora. 
    -Sombras y demonios dice...  
    -Ella sabría lo que estaba sufriendo... 
    -Todos sufrimos en la vida...  
Dejo la nota sobre la cama y con la otra mano le cojo la suya. 
    -Lo siento mucho Dani. 
Maldigo no saber decir nada más. 
Él me coge bien de la mano y la aprieta. Noto que una lágrima muere entre mis dedos. ¡Dios mío, está llorando!  Le suelto la mano y rápidamente me pongo de rodillas y le abrazo. Ahí es cuando se derrumba del todo y se abandona. 
Se tira un angustioso rato llorando y abrazado a mí. Me doy cuenta de que ya ha oscurecido del todo. Todos los que están en casa deben estarse preguntando en  dónde nos hemos metidos. Poco a poco Dani se tranquiliza. Lentamente se separa de mí hasta que su frente se posa sobre la mía. Noto que su rostro se acerca al mío y me besa. ¡Oh Dios mío! Yo no lo puedo evitar y por unos segundos le sigo el beso, pero no, esto no está bien, no está bién, él está con la guardia baja y no me da la gana aprovecharme de esta situación. Me separo de él, pero él me detiene rodeándome con un brazo y colocando la mano por detrás de mi cintura, y con la otra mano en la mejilla. 
    -Por favor... no... por favor... 
Joder Dani, tienes novia... 
    -Por favor Anna... 
Vuelve a acercarse a mí y me vuelve a besar. Esta vez con más desesperación que antes, con pasión. 
No debo joder, no debería, esto está mal, está muy mal. Desde luego a mí no me gustaría que me hicieran esto. No... 
Sé que me voy a arrepentir de esto durante mucho tiempo, pero da igual, llevo mucho tiempo esperando esto. y ahora que se me presenta la oportunidad, ¿por qué no aprovecharla? 
Como humana débil que soy, elijo la tentación antes que la razón y me dejo llevar.


¡Espero que os haya gustado el capítulo amores! 
Se os quiere fuerte. 

sábado, 8 de agosto de 2015

Capítulo 2.15: Giros bruscos.

Lo que le está pasando le recuerda a la serie de Ana y los 7 en la que Fernando se encaprichaba de una bailarina exótica que al final resultaba ser la niñera de sus hijos. Cuando se dé cuenta de que la realidad supera siempre a la ficción...  
    -¡Papi el timbre! ¡Ya voy yo a abrir! 
Leila salta de su silla y corre hacia la puerta. Uri va detrás de ella. No le hace gracia la predisposición de su hija a abrir la puerta sin preguntar. Menos mal que aún no llega, pero hasta que lo haga, tiene que hacerle entender que hay que tener cuidado con quien llama a la puerta; no todo el mundo es bueno. 
    -¿Quién es? 
Pregunta la niña. 
    -Soy Daniela cariño.  
Uri coge a Leila de la mano para que no salga de casa corriendo, no sería la primera vez que le pega un susto parecido. Abre la puerta y ahí está ella; esa persona que contra más cerca está de él, más solo le hace sentir. Es la única a la que la bailarina no le llega ni a la suela de los zapatos por mucho dolor que le haya causado. 
    -Qué guapos estáis los dos.  
Entra en el apartamento y cierra la puerta tras ella.  
    -¡Hola Daniela! 
Leila estira los brazos para que ésta la coja.  
    -Mi niña. 
Se agacha y deja varias bolsas en el suelo, y la coge en brazos.  
    -¿Cómo estás princesa? 
Ella sonríe y la abraza. 
    -Bien.  
    -¿Sabes qué?  Te he traído unos cuantos regalos.  
    -¡¿Regalos?!  
    -Sí, regalos.  
    -¿Dónde están?  
    -En las bolsas, vamos al salón y los abres, ¿vale? 
La deja en el suelo. 
La niña coge dos de las bolsas y se las lleva arrastras hacia el salón. Está muy ilusionada con la idea de que le den regalos, pero no es su cumpleaños, ¿verdad? Bueno, primero a abrir esos regalos y ya le preguntará a su padre.  
Uri y Daniela se miran.  
    -Demasiados regalos, ¿no?  
Dice señalando con la cabeza las otras dos bolsas que la pequeña no se ha llevado. 
    -También hay para ti, espero que no te importe...  
Dice con una sonrisa tensa. 
Uri se agacha, las coge y van al salón a abrirlos. Tensión, desconcierto e ilusión en una misma sala.  


    -¿Estás segura?  
    -Sí.  
    -Pero Johanne, lo que estás diciendo es una locura...  
    -No.  
    -¡Pues no lo entiendo!  
Ella se levanta de la silla y mira a su representante. 
    -Nadie te ha pedido que entiendas nada, simplemente haz lo que te he dicho. 
    -Es mucho dinero Johanne, es mucho dinero. Simplemente dime por qué, qué es lo que te ha llevado a tomar esa decisión tan...  
    -Tengo que irme. 
    -Joder Johanne... 
    -Se acabó la discusión.  
Coge el bolso y se dirige hacia la puerta, pero él no piensa dejar que haga lo que le dé la gana sin dar explicaciones. Ha sacrificado mucho por esa muchacha para que ahora ella le haga esto.  La coge del brazo y la aleja del la puerta. 
    -Dame una explicación.  
Ella lo mira asustada, le ha hecho daño.  
    -Me estás haciendo daño, suéltame...  
    -Joder Johanne, ¿sabes lo que estás haciendo? ¿Eh? ¿Lo sabes? He hecho mucho por ti joder...  
Está muy nervioso, sin darse cuenta le está apretando demasiado el brazo. Suerte que en esos momentos abren la puerta e interrumpen la escena.  


    -Mmm, qué bien huele.  
Sonrío. Estoy preparando el postre de esta noche, mousse de chocolate.
    -Gracias. 
    -¿Puedo probar un poco? 
    -Hasta esta noche nada, ¿cómo está Lía? 
    -Se acaba de dormir.
Es el tercer día que Dani pasa en casa.  
    -Oye Anna, ¿sueles llevar este ritmo de vida todos los días? 
    -¿A qué te refieres?
    -A que no paras de hacer cosas, te vas a agotar... 
    -Estoy acostumbrada ya. 
Dibujo una falsa sonrisa en la cara. 
    -Pero Anna... 
    -Que no se me olvide, no queda leche ni mantequilla para el desayuno de mañana, ¿bajas y compras porfi? 
    -Hay leche en la nevera y mantequilla queda aún media tarrina. 
    -Ah, es cierto. Lo que sí que faltan son tampones. ¿Puedes bajar a por una caja? Y de paso toallitas íntimas. 
Dani me mira incómodo. 
    -Pero Anna... 
    -¿No querías ayudarme? Pues baja porfa y compra lo que te he pedido. 
Se encoge de hombros y sale de la cocina. 
Oigo la puerta de la calle cerrarse y sé que se ha ido.  
Lanzo un suspiro. Pensé que teniendo varios días a Dani en casa con nosotras,  todo sería como estar en familia, disfrutar en familia, yo que sé. 
El caso es que como Lía está enferma pasa el tiempo en la cama o en el sofá sin ganas de nada, y cuando está dormida, él está en sus cosas y por la noche, le oigo hablar con Johanne. Se nota que se quieren, que la quiere, y me duele no ser yo la que está al otro lado del chat. 
Una lágrima resbala por mi mejilla, y otra, y otra, y otra... ¿Ves? Por eso no me gusta quedarme sin hacer nada, porque pienso, y si pienso, pienso en Dani, si pienso en Dani, me pongo triste, y si me pongo triste, lloro.


    -Ésta se va a llamar Antonella y esta Linna.  
Dice Leila alzando las dos muñecas que Daniela le acaba de regalar. Una rubia y otra morena. 
    -Bonitos nombres. 
Dice Daniela sonriendo. 
    -¿No tienes algo que decirle a Daniela? 
La niña se queda pensando unos segundos, se levanta y abraza a Daniela. 
    -Gracias. 
    -De nada preciosa. 
La niña se separa y se va a la habitación a jugar, momento que Uri debe aprovechar para hablar con ella. 
    -Has comprado muchas cosas para los dos.  
Ella lo mira con la ansiedad reflejada en sus ojos. 
    -¿Te ha molestado? 
    -No, pero creo que no era necesario que trajeras tantas cosas, con un pequeño detalle para la niña bastaba.  
    -Te ha molestado... 
    -No, sólo digo que eso debe haberte costado un dinero... 
    -Si es por eso no te preocupes, tengo trabajo y gano lo suficiente para estos caprichos.  
    -Bueno, de acuerdo. 
    -Uri, ¿cuándo le diremos a Leila que soy su madre...?  
Él suspira.  
    -Aún no es el momento. 
    -Nunca va a ser el momento, ¿verdad Uri...?  


Johanne está sentada en los pies de la cama de la habitación del hotel. Está muy nerviosa. Tiene ganas de llamar a Dani y escuchar su voz. Él siempre consigue sacarle más de una sonrisa hasta cuando parece imposible. Esta ocasión es de esas. El corazón le late con fuerza, siente que en cualquier momento se le va a salir del pecho. Por un lado eso estaría bien, así dejaría de estar en la situación que está. 
Tres toques en la puerta avisan de que la hora de la verdad ha llegado. Respira hondo y se levanta. Camina con seguridad para abrir, aunque en realidad está aterrada. Abre. 
    -¡Preciosa! ¡Qué alegría verte! 
Coge a Johanne, le da un breve abrazo y dos besos. 
    -¿Cómo estás?
Sonríe. 
    -Déjate de jueguecitos Michelle... 
    -Ay querida... 
Le acaricia la cara y se sienta en la cama.  
    -¿Qué te cuentas? 
    -He presentado mi renuncia hace un par de horas. 
    -¡Bien!  
Sonríe y aplaude como una niña pequeña. 
    -¿Cuándo se hará público?  
    -Mañana por la mañana. 
    -Precioso... pero no. Hazlo ahora. 
    -¿Cómo...? 
    -Comunica tu renuncia en las redes sociales ahora. 
    -Pero... 
    -Pero te callas y lo haces.  
    -Michelle por favor, ya he renunciado, he hecho lo que me has pedido, ¿por qué me haces esto? 
    -Lo haces, o te jodo la vida. 
    -Está bien, lo haré... 
Michelle se levanta y sonríe. 
    -Bueno, pues nada, te doy dos horas para que publiques la noticia como te dé la gana. Como pase un solo minuto más, estás hundida. Ah por cierto... -Saca del bolso un sobre y lo tira sobre la cama-. Ten, de recuerdo.
Se va. Johanne no se lo puede creer, esto a ella no le podía estar pasando, pero lo cierto, es que sí le estaba pasando.  


Nico sale de la ducha y va a la cocina a por un helado de turrón, se le ha antojado. Coge la tarrina y la cuchara y va al salón a cotillear en sus redes sociales y chats, a ver si su media banana se encuentra por allí. 
    -¡AH! ¡PERO, ¿POR QUÉ?! ¡AH! 


    -Joder, qué bueno te sale todo Anna, eres la leche cocinando. 
Dice Dani frotándose el estómago satisfecho.
    -No sé cómo tomarme eso, si como un halago o como una ofensa. Parece que lo único que se me dé bien sea cocinar... 
Él sonríe y la atrae hacia si. 
    -No seas tonta. Sabes que hay mil cosas que se te dan bien hacer y que a mí personalmente, me encantan.  
Ella se sonroja bajo la mirada sincera de Dani. 
    -Gracias... 
Él sonríe y le acaricia el pelo. Ella toma algo de valor y le hace una pregunta.  Ya que puede, debe aprovechar el momento. 
    -¿Y qué más cosas son las que te encantan? 
Ambos sonríen. Una de nervios y otro de cariño hacia el pasado. 
    -Pues tu forma de ser, de cantar, tu sonrisa cuando hablas... 
El Iphone de Dani empieza a sonar interrumpiendo ese momento tan especial para ambos. 
    -Espera un momento... 
Se separa de ella y lo coge. No reconoce el número, pero descuelga. 
    -Sí... Sí... -La sangre abandona su rostro-. ¿Cómo...?... Bien... voy para allá... Gracias... -Sin colgar tira el Iphone al sofá bajo la mirada ansiosa de Anna. 
    -Dani, ¿ocurre algo...? 
Él la mira atónito, está en shock. 
    -Helena... Helena... Helena...
    -Qué Dani, ¿qué pasa con Helena? 
    -Ha muerto...  

lunes, 3 de agosto de 2015

Capítulo 2.14: Esperanza

¡AVISO! Este relato es completamente ficticio, aunque salgan nombres de personajes reales. 


Hay momentos en la vida en los que crees que lo has perdido todo. No hablo de dinero, ni de cosas que se puedan guardar en una caja, sino en sentimientos como la fe, el amor, la alegría, los sueños, esperanza...  


    -Bueno, menos mal, es varicela. 
    -¿Cómo que menos mal? Dani, la niña lo está pasando fatal. 
    -Hombre, cuando nos ponemos enfermos no es que estemos precisamente para bailar jotas.  
Por mucho que lo intento, no puedo evitar que se me escape la risa. 
    -¿Ves? Tú también opinas lo mismo.  
    -Anda cierra el pico.  
Le doy un toque en el brazo. 
Después de haber pasado una de las peores noches de nuestra vida, ahora estamos más tranquilos, relajados y animados. Después de horas en la sala de urgencias con Lía en brazos llorando, pataleando, desesperada por porque se encontraba fatal, por fin duerme. Nos espera como mínimo una semana de quejidos por las erupciones y la fiebre. En fin... 
    -Oye Anna, ¿quieres que me quede contigo estos días en lo que la niña pasa la varicela? 
Aprovecho que las puertas del ascensor se abren, subo con la niña en brazos y disimulo mi carita de sonrojo. 
    -No hace falta, tendrás mucho que hacer. 
Disimula Anna, disimula.  
    -¿A ti te molestaría que estuviera allí? 
Eh, ¿a qué viene esa pregunta? Perdona... 
    -No, claro que no. 
O sea, ¿cómo me iba a molestar? Estoy enamorada de ti, ¿sabes?  
    -Bien, pues ahora vamos a mi casa, cojo algo de ropa y me instalo en tu casa unos días contigo y con la niña.  
Se saca el Iphone del bolsillo para mirar la hora y supongo que sus mensajes, momento que aprovecho para sonreír como una imbécil. 
Seguro que a Lía le encantará vivir con sus padres en la misma casa. Le acaricio el pelo.
    -Son las ocho de la mañana, ¿te apetece que desayunemos aquí?  
    -Sí, necesito un café.
Salimos del ascensor y nos vamos a la cafetería donde huele a tostadas y café recién hecho.  


El psiquiatra mira a Elvira que aún sigue algo atontada por las pastillas que ingirió hace unas horas. 
    -Elvira responde por favor, ¿por qué intentaste suicidarte?  
Ella levanta la cabeza y lo mira. 
    -Porque estoy cansada... 
    -¿Cansada de qué?  
Ella niega con la cabeza. Tiene la cabeza como un bombo y mucho sueño, ahora lo que menos le apetece es someterse a un interrogatorio de un señor que supuestamente ayuda a la gente a mejorar su forma de ver la vida a cambio de unas cuantas perras.  
    -Bueno, como veo que ahora estás cansada y que no te apetece hablar conmigo, te voy a dar cita para que vengas a hablar conmigo la semana que viene.  
Ella no le hace caso, seguramente no vaya a verle nunca más. No necesita ayuda de nadie, solamente que la dejen en paz, que la dejen morir en paz. 
El doctor le da una hoja a Rocío y se marcha. 
    -Ya nos podemos ir cielo. Te ayudo a vestirte. 
¿Ahora se interesa por ella? ¿Después de tantos insultos y tantas peleas ahora se interesa por ella? Puta hipocresía... 
No tiene ganas de pelearse con nadie, ahora solamente le apetece salir de esa habitación, beberse un zumo de naranja recién hecho y volver a dormir. Tiempo y maneras para suicidarse hay de sobra.  
Se viste y se disponen a salir.  
    -¿Puedo tomarme un zumo de naranja?  
Rocío la mira y asiente, le acaricia el pelo. 
    -Vamos. 
Elvira no se inmuta. Su inclinación natural sería apartar la mano de su tía de un manotazo, pero a lo mejor necesita ese contacto humano para sentirse mejor, quién sabe. 
Llegan a la cafetería y se sienta. 
    -Espera aquí cielo, voy a por tu zumo, ¿te apetece algo más?  
Ella niega con la cabeza.  
    -Bueno, vale. 
Rocío le acaricia el pelo y se agacha y le besa la mejilla.  
Elvira sonríe. 
Tal vez el que haya intentado suicidarse haya hecho cambiar el chip a su tía. O tal vez no... tal vez sea ahora que está todo muy reciente, pero en unos días todo puede volver a ser como antes, y no, no está dispuesta a pasar por ello ni una sola vez más. El suicidio siga siendo la mejor opción. 
Su tía llega con un vaso de zumo y un café con leche. Se sienta enfente de ella.  
    -Gracias...  
Coge el vaso y casi se lo bebe de un trago. 
Rocío sonríe.  
    -Sí que tenías sed. ¿Quieres otro u otra cosa?  
Ella niega con la cabeza.  
    -De verdad, puedes ir a pedirte lo que te apetezca.  
Qué pesada, pero lo cierto es que se ha quedado con ganas de más, otro vaso de zumo no estaría mal.  
    -Pues voy a pedir otro zumo. 
Se levanta a la vez que su tía. 
    -No cielo, tranquila que te lo pido yo. 
Se ha dado un chute de pastillas, no amputado las piernas, por lo tanto puede andar. 
    -No, ya me lo pido yo, tengo que ir al baño.  
    -Está bien. 
Rocío toma asiento de nuevo y sigue con su café, controlando cada paso de la niña.  
Le dan el vaso de zumo. Ella lo coge y se lo bebe al instante. No le apetece ir con su tía, le apetece estar sola, pensar, o mejor no, no pensar.  Se queda mirando hacia la puerta de entrada, apenas entra gente. Aún es demasiado temprano.  
Se fija en una mujer rubia que entra con una niña en brazos. Siente que el corazón se le para, sabe quien es y en milésimas de segundo ve que detrás va él. 
Ha estado esperando lo que le parece toda la eternidad esperando ese momento y ahora, que es cuando simplemente no siente nada, sucede la magia. Sonríe. No puede ser. Ve que él habla con Anna, que ella se aleja con la niña y se sientan en la mesa que justo está al lado de la suya. No puede dejar de sonreír. Mira a su tía un segundo y ve que ésta tiene la mandíbula desencajada. Tampoco se lo puede creer. Vuelve a mirar hacia Dani y ve que éste se acerca a donde ella. Se apoya  en la barra, se le nota cansado. 
    -¿Qué le pongo señor? 
Pregunta la camarera que se sonroja al mirarle, pero eso a él le es totalmente indiferente. 
    -Dos tostadas con mantequilla, un café con leche, dos zumos de naranja y uno de piña. 
    -Bien. 
    -Espere espere, pon también un vaso de leche caliente y  otro con Colacao. 
Ella sonríe. 
    -¿Algo más?
    -No. 
Ella sonríe y se pone a prepararlo todo.  
Elvira mira a su tía. Le tiene a menos de medio metro de ella, solo, esperando a su desayuno, oportunidades como esta no va a volver a tener en su vida. Rocío le sonríe y dice sin pronunciar la palabra adelante mientras levanta el pulgar. Ella respira hondo y vuelve a mirarle. Él está leyendo el titular del periódico que hay sobre la barra, pero como no le interesa, vuelve la vista hacia la niña gelatina y le dedica una tierna sonrisa. 
    -Hola. 
    -Ho-hola... 


Hay momentos en la vida en los que crees que lo has perdido todo. No hablo de dinero, ni de cosas que se puedan guardar en una caja, sino en sentimientos como la fe, el amor, la alegría, los sueños, esperanza...  
Cuando sientas que lo has perdido todo, no te rindas, pues mañana a primera hora te puede suceder algo que haga que todo lo que has sufrido merezca la pena. 
Nunca pierdas la esperanza.  


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Lamento que hayáis tenido que esperar tanto tiempo para esta capítulo. A la próxima intentaré no alagar más la espera. 

Un beso y un abrazo muy fuerte a todos.

PD: perdonadme las más que posibles faltas de ortografía.