jueves, 26 de marzo de 2015

Capítulo 2.12: Una pequeña revelación

¡AVISO POR SI ACASO! Este relato es completamente ficticio, aunque aparezcan nombres de personajes reales. 


    -Esta noche voy a salir, de bares, de copas, esta noche me voy a desmelenar.  
Dani y yo nos dimos un beso, bueno, eso no se puede calificar como beso, eso nada más fue un pico, un pico accidental... 
    -O sea, es que estoy harto de ir siempre como un alma en pena buscando y esperando al gran amor de mi vida mientras se me pasa el arroz, y oye, que yo soy una persona muy bien plantada, tengo mi atractivo, mi encanto... una lástima que se desaproveche de esta manera, ¿no crees nena? 
En estos últimos días ni él ni yo hemos hablado del tema, pero claro, ¿qué vamos a decir? Si ese pico no tuvo importancia alguna, al menos eso aparenta él, ¿no? Pero leñe, si tiene novia, ¿qué importancia le va a dar? 
    -Anna, querida, ¿por casualidad estás atendiendo algo de lo que te estoy contando?
Si estoy repitiéndome cada dos por tres que ese pico no tuvo, ni tiene importancia, ¿por qué narices sigo dándole vueltas al tema? Seguro que Dani está tan feliz con su vida, seguramente ni se acuerde de aquel pequeño desliz, si es que a eso se le puede llamar así.  
    -He pensado en cortarle el pelo a Lía, en plan Justin Bieber, ¿te parece bien? 
    -Sí...  
    -¡Anna, por el amor de Dios! 
Pego un respingo. Mierda, he perdido el hilo de lo que me estaba contando Nico. Lo miro con cautela.  
    -Lo siento...  
Él se cruza de brazos. 
    -Lo siento Nico, estaba... estaba pensando en cosas... 
    -Si quieres me las puedes contar. 
Niego con la cabeza. Ni hablar, no pienso contarle nada, vamos, me lleva dando el coñazo con lo de Dani toda la vida y ahora como para decirle nada. Ni soñarlo. 
    -No. 
    -Anda Anna, que somos amigos, si quieres a Brenda no le decimos nada, que entre tú y yo, es una cotilla. 
Ambos nos reímos. 
Sigo negando con la cabeza. 
    -Nico, por favor... no insistas... 
Creo que no he sido capaz de poner cara de no tiene importancia, porque la de Nico cambia de expresión divertida a preocupada. Me coge de la mano y me la aprieta con cariño. 
    -Anna, si ocurre algo, sabes que puedes contar conmigo. -Me besa la mano-. Para lo que necesites, me tendrás ahí para apoyarte.  


Uri camina de la mano junto a Leila. Han ido a dar un paseo que acabará en el parque de siempre. 
    -Papi, ¿me compras chuches? 
Él la mira. 
    -Te he comprado cruasanes de chocolate esta mañana para desayunar, ya no más dulces. 
    -¿Por qué no? -No puede reprimir un tono de disgusto.  
    -Porque si no, se te caerán los dientes.
Instintivamente Leila se lleva las manos a la boca. Le encantan las chuches y los cruasanes, pero no quiere quedarse sin dientes. De repente tiene una pequeña revelación; en su clase hay un niño al que se le ha caído un diente y a cambio ha recibido un regalo del ratoncito Pérez, si a ella entonces se le caen todos, recibirá un ragalo más grande que David. 
    -Papá, quiero chuches.
Está decidida a comer todo lo que sea para que se le caigan todos los dientes. 
    -Leila, he dicho que no. -Dice tranquilamente. 
    -¡Jo, pero yo quiero chuches ahora! -Tira de su chaqueta.
    -Leila por favor, no hagas que me enfade, he dicho que no. Pórtate bien, y a lo mejor esta tarde te compraro una bolsa de las golosinas que tú elijas. ¿De acuerdo? 
Ella no está de acuerdo, las quiere ahora, no por la tarde, bueno, a lo mejor por la tarde también,  pero claro, él es el papá y ella la niña pequeña y al final los mayores siempre consiguen lo que quieren y los pequeños a obdecer.  Cuando ella sea mayor, ya verán, ella mandará más que nadie y todos harán lo que diga. 
Llegan al parque, Uri se sienta en el banco de siempre y Leila sale corriendo a jugar. Él sonríe. Bueno, tal vez no espere hasta la tarde para  comprarle unas cuantas golosinas. 
El inconfundible dulce olor de su colonia la delata. Se gira, la mira y sonríe. 
    -¿Pensabas asustarme? 
Ella niega con la cabeza y finge inocencia. 
    -No, que va.  
Los dos se ríen. Ella se sienta a su lado y contempla a Leila, que no tarda mucho en darse cuenta de su presencia. 
    -¡Daniela! 
Corre para abrazarla. Daniela la coge en brazos y le besa el pelo. 
    -Bomboncito, ¿cómo estás? 
    -Bien... 
Se acurruca sobre ella. 
A Uri le suena el móvil. Se levanta al ver quien es. 
    -Un momento. 
Ella asiente con la cabeza y acaricia a la pequeña. 
Él se aleja y descuelga.  
    -Ey tío, ¿qué pasa?
    -Acabo de llegar de Mallorca. 
    -¿Enserio? 
    -Sí, ahora estoy yendo al hostal donde me alojaré esta noche. Tengo trabajo hasta la tarde, si me sobra tiempo, ¿salimos esta noche? 
    -Pues espera un momento... 
Se acerca a Daniela. 
    -Daniela, ¿esta noche podrías quedarte con Leila? En casa, te puedes quedar a dormir si quieres. 
Ella niega con la cabeza. 
    -Lo siento no puedo. 
    -¿No? 
    -Tengo un compromiso al que si digo que no, me arriesgo a que la casera me eche. 
    -Vale, no pasa nada, tranquila. 
Vuelve al teléfono.  
    -Tío no puedo. 
    -¿No tienes con quien dejar a la niña? 
    -No. 
    -Bueno, pues entonces voy a tu casa y os hago una visita. 


Apenas he probado bocado, no tengo hambre. Hoy no tendría que haber venido aquí, tendría que haber puesto alguna excusa tonta. La niña se me ha puesto enferma, me duele la cabeza, los ovarios, yo que sé, cualquier chorrada. Todos se lo están pasando bien, hablan de todo un poco, bromean de otro todo un poco también, y yo aquí, con los morros que me los piso. Y claro, soportar las típicas preguntas de ¿estás bien? ¿Ocurre algo? Si te duele algo tengo ibuprofeno en el bolso... Sonrío al sacarme del bolsillo el ibuprofeno que me ha dado Ruth. Vaya mierda de noche si lo único que me hace sonreír es una puta pastilla.  
    -Por fin sonríes...  
Levanto la vista y ahí está él, con un vaso de ron cola en la mano y el móvil en la otra. Se ha sentado en el sitio de Meri que ni me he dado cuenta que no estaba. Miro al frente y veo que Nacho tampoco está. Sosprecho que se han ausentado unos minutos para un breve encuentro morboso e intenso en los baños o en la despensa. Qué envidia...  
    -Anna, ¿estás bien? 
Respiro hondo y saco una sonrisa de debajo del cojín del sofá y la luzco.
    -Sí. 
Él me mira detenidamente.  
    -Como no alegres esa cara de vinagre te mato a cosquillas. 
Instintivamente me abrazo a mí misma. No quiero cosquillas. 
    -Quedas advertida rubia... 
Se levanta, me acaricia el pelo y se va con los demás. 
¿Por qué todo tiene que ser tan complicado? 


Johanne contempla las fotos que tiene con Dani. Lo echa de menos. Él es como aquel príncipe azul con el que de niña soñaba tener. Él la ha completado en todos los sentidos. Cuando está con él, se siente completa. Se le hace un nudo en la garganta al descubrir una foto en la que ella salía haciéndose una foto y él detrás sentado en el sofá con el móvil a lo suyo.
    -Te echo de menos mi amor... 
Luego están todos esos rumores que circulan por la red, esos que dicen que ella ha sobrepasado los límites de la diversión. Pues no son ciertos, son mentira. Claro que sale de fiesta con sus compañeros que además muchos de ellos son amigos. Está lejos de su familia, de su novio, ¿acaso no tiene derecho a disfrutar cuando está tanto tiempo fuera de casa? Lo peor de todo es que cuando habla con Dani todo es muy frío, tanto por parte de ella como de él. Claro, eso no ayuda a sobrellevar la soledad que siente cuando no está trabajando ni en sus ratos de ocio.


    -Entonces, ¿se ha portado bien no? 
    -Sí, tranquila. Han cenado viendo La sirenita, luego se han sentado en el sofá para seguir viéndola y se han quedado fritas las dos. 
    -Al final Uri te la ha dejado. 
    -Sí, al parecer confía en mis dotes como canguro. 
Ambas nos reímos. 
    -No dejaríamos a nuestras niñas en manos de cualquiera. Gracias por este favor, te lo devolveré con creces cuando lo necesites. 
    -Bah, tranquila, si a mí me encantan los niños y me lo paso muy bien con ellos. De hecho antes hemos estado dibujando vestidos para las princesas. 
Me río. 
    -Pareces tú más cría que ellas. 
    -Conmigo se lo pasan mejor que con sus propios padres. 
    -Cabrona que eres... 
Se ríe. 
    -Y bueno qué, ¿te lo estás pasando bien? Porque por tu voz no parece que estés de subidón que digamos... 
    -Estamos en una cena no de discoteca. 
    -Una cena con tus compañeros tiene más marcha que una salida de discotecas. Venga enserio, ¿estás bien? Nico me ha comentado antes que esta mañana no estabas muy allá. 
Joder, menos mal que él no es el cotilla... 
Veo a Dani venir hacia mí con dos platos de plástico en la mano, creo que trae dos porciones de los pasteles de chocolate que servidora se ha encargado de preparar. 
   -Brenda, te tengo que dejar, luego hablamos, ¿vale? Llámame si lo necesitas y si Lía se despierta y pregunta por mí, dile que te he dicho que la quiero. 
No le doy tiempo a hablar y cuelgo. 
    -Te hemos estado llamando media hora para que fueras tú la que repartieras el pastel, pero como no has venido, lo hemos hecho entre Juan G, Flo y yo. Como Flo ha sido el que más ha repartido, pues se ha puesto el trozo más grande, he aprovechado un momento en el que se ha puesto a hacer el tonto y le he cambiado tu plato por el suyo y aquí lo tienes. La mejor parte. 
Me ofrece el plato y luce una de sus sonrisas más encantadoras. Yo también sonrío, qué remedio.
    -Gracias, aunque creo que todo no me lo voy a poder comer. No tengo mucha hambre. 
    -No si ya veo ya, apenas has cenado. 
Empieza a comer. 
    -Mmm, está buenísimo, tienes una mano para la repostería y para lo que no es la repostería que vamos, qué maravilla... 
Sonrío. Decido pasar por alto los halagos. Mejor así... 
Nos comemos en silencio los trozos de pastel, al final le doy un poco del mío. Cuando terminamos él deja los platos y las cucharillas en una mesa que parece estar aposta ahí para nosotros. Dani se apoya en la barandilla del jardín, que es donde estamos, se cruza de brazos y clava sus ojos verdes en mí, y ahora es cuando las mejillas me arden. 
    -A-nni-ta.
Pruebo a mirarle a la cara y sonrío como una tonta. 
    -Ho-la... 
Los dos nos reímos. 
    -Pero qué tonto eres hijo mío. 
Me apoyo yo también sobre la barandilla y observo a los coches que pasan de lejos por la carretera. 
    -Venga va, ¿me vas a contar lo que te pasa o te lo tengo que sacar a cosquillas? 
Noto como su mano acaricia mi espalda. Siento un escalofrío que recorre absolutamente todo mi cuerpo. Sonrío. 
    -No te lo voy a contar aunque  me tortures de esa manera. 
Una parte de mí, la más pequeño pero matona, quiere que me haga cosquillas. 
    -Te lo he advertido...  
Pego un chillido cuando sus dos manos se posan sobre mi costado y empiezan a hacerme cosquillas, pero dura muy poco. El Iphone de Dani suena. Se separa de mí. Se lo saca del bolsillo. 
    -Perdona un momento... 
Se aleja un poco de mí, si lo que quiere es que no oiga quien es y de qué hablan no lo ha hecho muy bien porque me entero de todo, por desgracia, me entero de todo. 
    -Johanne... Johanne, ¿estás bien? ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?... Mi amor, tranquila mi amor... A ver cariño respira despacio, tranquilízate, y dime qué te pasa... Venga así muy bien, tranquila, tranquila... Muy bien... Así me gusta cariño... ¿Mejor?... ¿Sí?... ¿Me lo prometes?... Vale, ahora dímelo cantando... Sí, cantando... Venga tontina... -Se ríe-. Así me gusta, y ahora dime, ¿qué te pasa?... Princesa... 
Es de noche y la luz que hay es muy tenue aquí fuera, pero hay lo suficiente como para ver que se lleva la mano a la cabeza y se acaricia el pelo, que se desplaza unos pasos allí y unos pasos allá, que la conversación va a ser larga, que el malestar que ha tenido Dani estos últimos días se está desvaneciendo, que el mío está creciendo, creciendo tanto que ya no me deja ocultar lo que siento, que estoy enamorada, enamorada de él hasta las trancas y que ese amor no es correspondido. ¿Por qué todo tiene que ser tan complicado? 



Una que lamenta haber tardando tanto en subir capítulo os da las gracias por leer las chorradas que se le ocurren y os quiere mucho. 

@Lady_Tina_25