sábado, 14 de febrero de 2015

Capítulo 2.11: Un inocente brindis, Cacaolat

¡AVISO! Este relato es completamente ficticio, aunque aparezcan nombres de personajes reales. 

    -Entonces, el sábado que viene, todos aquí, a las ocho, no os olvidéis de traer lo que os toca a cada uno. 
Dani levanta el brazo. 
    -¿Y si te traigo el dinero y te encargas tú de comprar lo que me toca? 
    -Ni hablar, trae las bebidas que sabemos que eso se te da bien. 
El gesto de Dani está en desacuerdo, pero no dice nada. 
    -Anna, ¿tú sabes lo que tienes que traer, o qué? 
    -Los postres... 
    -¡Exacto! Mira, se me acaba de ocurrir una cosa. A ti se te da bien hacer tarta de chocolate. ¿Por qué no haces una y la traes? 
    -¡Ay sí! ¡Es una gran idea! -Dice Meri con entusiasmo-. Sus tartas están riquísimas, Anna por favor, di que sí, di que sí, di que sí... -Me mira con las manos juntas en posición de oración. 
    -Bueno, si me lo pedís así...  vale. 
    -Perfecto.  
La reunión sigue.
Independientemente del especial programa 100 de Tonterías las justas, Flo quiere celebrar el éxito que estamos teniendo con una cena privada, en un local que hemos alquilado entre todos.
    -Bueno, yo me tengo que ir señores, id hablando lo que queráis sobre la cena. Si hay algún cambio, que alguien me avise por WhatsApp. -Dice Dani.
Se levanta de la silla, coge su chaqueta y sale de la sala de reuniones. 
Todos nos miramos, unos a otros. Desde que Johanne se fue a ese viaje de trabajo, a recorrer mundo, está más ausente. Supongo que la echará mucho de menos. Me pregunto vagamente si la cena que propuso Flo no es sólo para celebrar el programa número cien, sino para animar a Dani, que no deja de ser uno de sus mejores amigos.


Daniela se acerca a Uri, que está sentado en el banco observando a Leila que juega en el parque con otros niños. Se sienta a su lado. 
    -Es preciosa... 
Él no se inmuta, continúa mirando a su hija. 
    -Algún día, podríamos ir a tomar un helado los tres, como una familia. 
Uri la mira. 
    -Como una familia dices... más de tres años sin saber de ti y ahora vienes con que quieres formar parte de la familia... -sonríe con amargura. 
Ella agacha la cabeza, esas palabras le habían dolido, pero también le duele saber que tiene razón.  
    -Intenté ir antes, pero... 
    -Temías que no quisiera saber nada de ti. Si ya me lo conozco, no es necesario que me lo repitas más veces. 
    -Uri, ¿cuánto tiempo vamos a estar así? Podríamos empezar a mirar lo mejor para Leila y, empezar a llevarnos bien, a ser una familia... 
    -Daniela, esto también está siendo duro para mí... 
    -Lo sé, sé que está siendo duro, sólo estoy proponiendo lo mejor para Leila. 
    -Estoy de acuerdo contigo, pero, déjame tiempo. Es lo que ahora mismo necesito, tiempo. ¿De acuerdo?
    -De acuerdo...
Leila corre hacia su padre. 
    -¡Papi, papi, un niño muy feo me ha preguntado que si quería ser su novia! -Lo abraza fuerte. 
Daniela sonríe, Uri la coge en brazos. 
    -¿Y tú qué le has dicho? 
    -Le he empujado y le he dicho que no. 
    -Mientras no le hagas daño... 
Leila mira a Daniela y sonríe, ella le corresponde con otra sonrisa. 
    -Hola. -Saluda la niña. 
    -Hola, ¿Cómo estás? 
    -Bien. ¿Tú eres novia de mi padre? -Pregunta con curiosidad la niña. 
    -Leila, nos vamos ya que se hace tarde y aún hay que comer. 
    -Vale, ¿ella se va a venir con nosotros? ¿Te vas a venir con nosotros? 
Ella sonríe, ojalá pudiera ir con ellos a comer, pero entiende que Uri no quiera saber nada de ella. 
    -No, otro día mejor... -Dice levantándose.
Uri suspira y toma una decisión. 
    -Si no tienes nada que hacer, vente. 
Ella lo mira emocionada, tiene que reprimir las irrefrenables ganas de llorar. 
    -Gracias... 
    -Venga, vamos. -Dice serio. 
Coge de la mano a Leila y empiezan a caminar hacia casa. 


Termino de vestir y peinar a Lía. En un rato Dani va a venir a recogerla, van a pasar la tarde juntos ya que el programa de hoy está grabado, pues aprovechamos nuestro tiempo libre. Él se va con su hija y yo con mis amigos. 
    -Mami...
    -Dime cariño. 
Le voy metiendo las cosas en la mochila. 
    -¿Por qué tú y papá no sois novios?
La miro. 
    -¿Por qué lo preguntas mi amor?
    -Es que todos los papás de los niños de mi clase, son novios y viven juntos, ¿por qué papi y tú no? 
Pienso una respuesta sencilla para que lo empiece a entender. 
    -Porque papá tiene novia, Johanne.  
    -Pero Johanne no es mi mamá, y no sabe hacer comida y jugar tampoco... 
Tiene veinte años y es como una muñeca, ¿qué va a saber hacer? 
    -Bueno, para ser tu mamá ya estoy yo, que sé jugar y sé hacerte los platos que más te gustan. 
Le acaricio el pelo. 
    -Pero yo quiero que papá y tú seáis novios. 
    -Eres muy pequeña para hablar de esto, no lo entenderías. Venga cariño, ¿has cogido los juguetes que te quieres llevar para jugar con papá?
    -No. 
    -Pues ala, ya tienes algo que hacer mientras lo esperamos. 
Llaman a la puerta, debe ser él. Abro y es Nico, entra sin decir nada, está muy pálido. 
    -Nico, ¿ha ocurrido algo? ¿Qué te pasa? ¿Ha pasado algo? 
Entra al salón, saca su Ipad y se pone a trastear con el.  
    -Hola Nico, ¿me hablas? 
Me mira. 
    -Te he mandado cien mil WhatsApps, tienes que leer esto. Mira.  
Me pone el Ipad delante, lo cojo y empiezo a leer: 



lametomentodo.com: 


Johanne Baker, se lo puede estar pasando demasiado bien en Las Vegas! 

En estos últimos días, la modelo francocanadiense Johanne Baker, novia del cómico leonés Dani Martínez, ha sido descubierta en Las Vegas rodeada de trabajo, fiesta y amigos, con los que parece que comparte algo más que buenos momentos. 

Foto uno: Johanne con un modelo cubano;  él está en bañador y ella en bikini, él la tiene abrazada por detrás. 

Foto dos: Johanne tumbada sobre otro modelo ruso tumbado boca abajo. 

¿Qué debe de pensar su novio Dani de estas imágenes? ¿Es posible que entre ellos ya no haya una relación amorosa? ¿Se puede decir que Dani se ha convertido en el soltero de oro nacional? 


Miro a Nico que está sonriendo como un niño al que le acaban de dar un bote extra grande lleno de caramelos. 
    -Nico, ¿qué es lo que te hace tanta gracia? Esto no es para nada gracioso. 
Digo indignada. Seguramente Dani haya visto esto, por eso a lo mejor estaba tan desanimado esta mañana.
    -Ay nena, nena, ¿enserio no lo has pensado? Ahora es tu momento nena. 
Me lo dice como si me explicara que dos más dos son cuatro. Creo que sé por dónde van los tiros y lo cierto es que no me gusta. 
    -Nico, ya vale con eso... 
    -Pero Anna, si lo tienes a huevo... 
    -No Nico, yo no tengo a huevo nada, así que no me vengas con esas chorradas que ya me estás cansando. 
Digo realmente molesta.  
    -Anna cielo, tampoco te pongas así, yo sólo me preocupo por ti. 
    -No Nico, esto no es preocuparse por mí, esto es... es que ni siquiera sé lo que es, pero preocuparse por mí, no es. 
    -Ay, yo pensaba... 
    -Sí, ya sé lo que pensabas, siempre estáis pensando lo mismo y ya estoy harta de decir siempre lo mismo. 
Nico me mira fijamente. 
    -¿Estás segura Anna? ¿Segura de que no te has sentido un poco más feliz que antes al leer esto?
El interfono de la calle suena. Me acerco, toco el botón y en la pantalla se ve a Dani en el portal, le abro. Miro a Nico. 
    -Vete. 
Él se sorprende. 
    -¿Qué...? 
    -Que te vayas, vete. 
    -Pero Anna... 
    -Nico de verdad, Dani está subiendo y quiero que te vayas. 
    -Pero, ¿por qué?
    -No quiero que veas a Dani ahora mismo. Lárgate si no quieres que te eche yo misma a patadas y créeme, ahora mismo lo haría con mucho gusto. 
    -Vale vale, tranquila. 
Coge su Ipad, le acompaño hasta la puerta y lo empujo hacia la puerta de las escaleras. 
    -Por las escaleras. 
    -Pero Anna... 
    -Por las escaleras. 
    -Vale, adiós...
Abre la puerta de las escaleras y desaparece tras ella. 
    -Anna, ¿qué haces?
Me giro y veo a Dani en el rellano mirándome. 
    -¿Ocurre algo?
    -No... pensaba que subirías por las escaleras...  
Me mira un par de segundos sin decir nada. 
    -Esto, ¿me dejas pasar?
    -Claro, pasa.
Sonrío y me aparto. Menudo ridículo acabo de hacer. 
    -¡Papi! 
Lía corre hacia Dani, él se agacha y la coge en brazos. 
    -¡Mi princesa! ¿Qué tal te estás portando?
Ella sonríe. 
    -Bien. 
    -¿De verdad? No estarás diciendo mentiras... 
Ella niega con la cabeza. 
    -Las mentiras no son buenas. 
    -Así me gusta. Bueno, ¿nos vamos?
    -Vale. 
    -Pues venga, ve a recoger tus cosas y la chaqueta. 
    -Vale. 
Va hacia el salón. 
Él la mira y sonríe. Se gira y me mira. 
    -Bueno, ¿y tú qué? ¿Esta tarde qué vas a hacer? ¿Tienes planes? 
    -Pues... 
Esa es la cosa, que con quien iba a quedar era con Nico y demás compañía, pero tal como ha quedado antes la cosa... pues se habrá cancelado, digo yo. 
    -Ha habido un cambio de planes... 
    -Entonces no tienes nada que hacer esta tarde, ¿no?
    -Eso parece... 
Sonrío. 
    -Vaya, pues entonces vente con nosotros. 
Me mira, sonríe y yo le correspondo con otra sonrisa. 


    -¿Te vas a quedar a cenar con nosotros?
Le pregunta Leila ilusionada a Daniela. Como ella no sabe qué responder mira a Uri.
    -Leila cariño, ¿por qué no vas a buscar la libreta de los dibujos y se los enseñas a Daniela? Antes me ha dicho que le haría ilusión ver  cómo dibujas. 
Ella sonríe y mira a Daniela. 
    -¿Te gustaría ver mis dibujos?
    -Claro. 
Le acaricia el pelo. 
    -¡Vale, espera, ahora vuelvo! 
Sale corriendo hacia su cuarto. Daniela sonríe, se da cuenta de que Uri la está mirando fijamente. Un escalofrío le recorre todo el cuerpo, parece enfadado. Con lo bien que han estado los tres durante toda la tarde... 
    -¿Lo recuerdas? 
Ella no entiende la pregunta, no sabe qué decir. 
    -¿Cómo? No entiendo. 
    -Esta tarde, esta tarde lo hemos pasado bien... muy bien... y...
Se le quiebra la voz, ella lo mira desconcertada. 
    -Uri... ¿te ocurre algo...? 
    -Sólo quiero, sólo quiero saber si, si lo recuerdas... 
Unas cuantas lágrimas anegan sus ojos. Verlo así a ella le parte el alma. 
    -¿El qué Uri...?
    -Nuestra vida... nuestra vida, la de antes del accidente... ¿lo, lo recuerdas? 
    -No... o sea... a veces, cosas muy vagas, pero, con claridad... no llego a saber si son recuerdos reales o son cosas que me han contado tantas veces que ya las creo mías... 
Uri se lleva las manos a la cara, se seca las lágrimas. 
    -Lo siento... 
    -¿El qué?
    -Esta escena... lo siento... 
    -No, tranquilo, no hace falta que te disculpes yo... 
    -Éramos felices. -La interrumpe-. Tú y yo, éramos felices juntos. ¿De eso no te acuerdas? ¿No recuerdas que nos queríamos, los momentos que compartimos juntos? ¿No recuerdas nada de eso?
Ella niega con la cabeza. Se siente mal por no recordar nada, pero ahí no tiene culpa nadie, ¿no? ¿O sí? 
Uri suspira, da media vuelta y va hacia la cocina para lavarse la cara. Ella sin saber qué hacer decide ir tras él. 
    -Lo siento mucho Uri, de verdad... 
Él se gira y la mira sin entender. 
    -¿Por qué?
Ella se encoge de hombros. 
    -Por no, recordar... 
Él sonríe, se acerca a ella, le acaricia el pelo y le da un beso en la frente. Son movimientos que ella no esperaba y ahora no sabe cómo reaccionar. 
    -Tranquila, quizás vayas recordando poco a poco, o si no, pues ahora estás fabricando nuevos recuerdos, quédate con ellos. 
Ella sonríe con timidez. 
    -Gracias. -Dice. 
    -De nada. 
Leila corre hacia ellos con la libreta entre las manos. 
    -¡Mira Daniela, mira lo que tengo! 
Ella la mira, sonríe y vuelve a mirar a Uri, él le sonríe y asiente. Leila la coge de la mano y tira de ella hacia el salón. Uri se apoya en el banco y cierra los ojos. 


    -Vale, pero sólo por hoy porque es un día especial, así que no te acostumbres, ¿eh?
    -¡Bien! 
Lía da saltitos de alegría al convencer a su madre de que antes de irse a dormir le dejara beber un botellín de batido de chocolate. 
Estamos los tres en la azotea del bloque donde viven las dos, hemos subido un par de sillas de plástico y hemos salido a tomar el fresco como dos ancianos a los que ya sólo les queda por hacer ver la vida pasar. 
    -Lía, ven aquí. 
Ella va corriendo de un lado a otro, le gusta esta terraza porque es enorme, pero claro, está demasiado alto como para dejar que los niños suban a jugar, de hecho está prohibido que aquí salgan niños si no es en compañía de un adulto. 
    -Lía, ven. 
Ella se detiene delante de mí, pero a unos metros de distancia. Me mira y sonríe. 
    -Papi... 
Sonrío. Me echo un poco para adelante y abro los brazos. 
    -Ven aquí y dame un fuerte abrazo chiquitina. 
Ella sonríe y corre hacia mí. La cojo en brazos y la acomodo entre mis piernas. Al menos así sé que está más segura. 
    -Ya traigo los batidos. -Dice Anna entrando en la terraza con tres botellines de Cacaolat. Sonrío. 
    -¿Para mí también has traído? 
Ella sonríe y me la tiende. 
    -Claro, de tanto insistir Lía a mí me ha apetecido también uno, pensé que tú querrías. 
Se sienta a mi lado. 
    -Gracias.
Le abro el batido a Lía y me abro el mío, miro a Anna que ya tiene el suyo también abierto. 
    -¿Brindamos? -Le propongo. 
Ella sonríe y asiente. 
    -Venga Vale, Lía espera, no bebas que vamos a...
Tarde, ya se lo estaba bebiendo. Los dos nos reímos. 
    -Bueno, pues tú y yo solos va. 
Ella levanta un poco el botellín y se queda pensando. 
    -¿Por qué brindamos? -Pregunta. 
Yo también me detengo a pensar unos momentos. Sonrío.
    -Por los buenos momentos con la mejor compañía del mundo. 
Ella asiente con la cabeza. 
    -Por eso y porque encontremos la felicidad allá a donde vayamos. 
Chocamos nuestros botellines y nos los bebemos casi a la vez. Cuando nos lo terminamos, nuestros ojos se encuentran y se clavan los unos en los otros (o por lo menos, así lo siento yo).  Percibo como un ligero rubor asciende por sus mejillas, agacha la cabeza y sonríe, yo miro a Lía que después de haberse bebido el batido entero se ha acomodado de tal manera que Morfeo ha tardado poco en venir a por ella. 
    -Mañana, día normal... -Dice Anna para sacar un tema de conversación. 
    -Sí... -Digo acariciándole el pelo a Lía-. Creo que debería ir yéndome ya, es tarde y mañana madrugamos. 
Me levanto con la niña en brazos. 
Después de haber ayudado a Anna a recoger las sillas, guardarlas y de haber acostado a Lía, ya es hora de que me vaya yendo para casa. Aunque la verdad, no me apetece mucho volver, ahora mismo allí no me está esperando nadie, y aquí yo me siento muy bien. 
    -Bueno, gracias por todo. -Me dice Anna apagando las luces de todas partes excepto la de la entrada que es donde estamos ahora. 
    -No, gracias a ti por venirte. Hoy Lía se lo ha pasado en grande. -Sonrío al recordarla cogida de la mano de nosotros y pidiendo entusiasmada que la levantáramos. 
Ella también sonríe. 
    -Sí, ha sido una buena tarde en familia, de hecho, esta tarde, antes de que tú vinieras, me ha preguntado por qué tú y yo no éramos novios. -Dice riéndose pero de repente para. 
Sonrío. Ella no me mira directamente a los ojos. 
    -Bueno, pues, hasta mañana Anna. 
    -Hasta mañana Dani, ten cuidado ahora al volver, mándame un mensaje o algo para saber que has llegado bien a casa. 
    -Sí mamá.  
Me río, me acerco para darle dos besos de buenas noches, pero nos liamos con las posiciones y en el segundo beso, en vez de ser en la mejilla acaba siendo un inocente pico en los labios. A ella se le tiñe la cara de color escarlata. Nos reímos. 
    -Bueno, no ha sido nada que no hayamos hecho antes. 
Digo para quitarle hierro al asunto, pero una parte de mí, una adormecida parte de mí, está disfrutando con esto. Y tengo que reconocerlo, me asusta y me atrae al mismo tiempo. 


Valentina: Lamento mucho la tardanza, esta vez he tardado una eternidad o eso me lo ha parecido a mí. Puedo prometer y prometo, que han habido de este capítulo un montón de versiones, ha sido borrado y escrito cientos y cientos de veces y creedme, no es mentira. Al fin, este ha sido el resultado, espero que haya sido de vuestro agrado y lo más importante, disfrutadlo. Gracias bombones. 

@lady_tina_25